La Novela Española en la Generación del 14 (Novecentismo)
A partir de 1914, surge un nuevo grupo de escritores que recibe el nombre de Novecentismo o Generación del 14. Dicho grupo está formado por escritores que constituyen un puente entre la generación de fin de siglo (Modernismo y Grupo del 98) y las vanguardias. En el Novecentismo ocuparon un lugar fundamental los ensayistas; en sus textos mantienen un tono equilibrado, en ellos analizan temas con serenidad y rigor intelectual.
Los autores novecentistas abordan la tarea literaria con menor pasión y mayor rigor que los noventayochistas. La abordan con un enfoque más intelectual y erudito, con una preocupación por la obra bien hecha (gran brillantez estilística). Muestran un mayor distanciamiento del llamado “problema de España” y se muestran más abiertos a las novedades estéticas europeas (la realidad no es “solo una”, sino el resultado de la observación desde la “suma de perspectivas”).
Características
- Temáticas: Es una novela intelectual o estética, a veces seguidora de la de la etapa anterior, y en algunos casos humorística; crítica con algunas instituciones religiosas y las altas clases sociales.
- Formales: Se atisban ya algunos rasgos de la novela experimental (presencia de historias intercaladas, se ensayan distintas maneras de plantear el perspectivismo –varios narradores que cuentan el mismo acontecimiento o la doble columna), sobre todo en Ramón Pérez de Ayala.
La novela de Pío Baroja
Primera etapa (1900-1912)
Es la etapa de mayor creatividad y vitalismo. Pertenecen a ella obras como Camino de perfección (1902), cuyo protagonista encarna perfectamente al personaje abúlico y angustiado prototipo de la Generación del 98. La trilogía La lucha por la vida, compuesta por La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora roja (1906), las tres tienen un mismo protagonista, Manuel Alcázar, y un mismo escenario: el Madrid de principios de siglo. El árbol de la ciencia (1911), Zalacaín el aventurero (1909) o Las inquietudes de Shanti Andía (1911) son las novelas en las que se refleja mejor la personalidad de Baroja, y las que expresan más claramente el espíritu del Grupo del 98 y la crisis de fin de siglo.
Segunda etapa (1913-1936)
En esta época decae la capacidad creadora de Baroja, que repite los moldes creativos anteriores. Lo más interesante de este periodo es la serie Memorias de un hombre de acción, que cuenta las aventuras de un antepasado del autor, Eugenio de Aviraneta, conspirador y guerrillero del siglo XIX.
Tercera etapa (1937-1956)
Baroja ya no creó nada nuevo. Desaparecen de sus escritos la fuerza crítica y los ataques a la sociedad. Tampoco aparecen los héroes de acción. De esta última época destacan sus memorias, tituladas Desde la última vuelta del camino.
La novela de Azorín
En las novelas de Azorín se anula el movimiento y el tiempo. La narración se fragmenta en instantáneas que configuran cuadros o fotografías materializados en breves capítulos deshilvanados, que producen la dispersión de la atención del lector. Escribió dos novelas esenciales para entender el espíritu del 98: La voluntad (1902), donde trata el tema de la abulia como una de las principales lacras de la sociedad española. El protagonista, Antonio Azorín, es un ser pasivo, contemplativo, pesimista y falto de voluntad. Por otro lado, Confesiones de un pequeño filósofo (1904) están estructuradas como un libro de memorias, en las que impera una total anacronía. No existe ilación temporal: los recuerdos aparecen en la típica fragmentación y exposición impresionistas, sin ninguna línea argumental. Más adelante, con Don Juan (1922) y Doña Inés (1925), Azorín inicia un cambio en su producción. En estas obras incorporan minuciosas descripciones del ambiente y la sensibilidad de los personajes.
La novela de Valle-Inclán
Valle-Inclán comenzó su trayectoria narrativa en el Modernismo. Progresivamente fue introduciendo innovaciones en su técnica novelística hasta culminar en su creación máxima, el esperpento.
Principales novelas
- Las sonatas (Sonata de otoño, Sonata de estío, Sonata de primavera y Sonata de invierno): Cuatro novelas que se presentan como memorias galantes del Marqués de Bradomín, hidalgo gallego que se autodefine como un donjuán “feo, católico y sentimental”.
- La guerra carlista: Trilogía compuesta por Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño. En esta trilogía brinda una visión de la España tradicional (carlistas) enfrentada a la liberal (los republicanos).
- Tirano Banderas: Pertenece a los dominios del esperpento y es la cumbre de su creación literaria. Es una grotesca aproximación a una república hispanoamericana gobernada por un tirano. La novela ofrece las características del esperpento, técnica con la que se degradan personajes y acciones presentados previamente de manera elevada.
- El ruedo ibérico: Esperpéntica visión del reinado de Isabel II, que culmina con la revolución de 1868.