El Modernismo en la Literatura Española
El Modernismo surge en Hispanoamérica alrededor de 1880, constituyendo una nueva estética de gran trascendencia para las letras españolas. Aunque se considera agotada al inicio de la Primera Guerra Mundial (1914), su breve periodo albergó una influencia significativa. Rubén Darío, poeta nicaragüense, fue el gran sintetizador de este movimiento, creando distintas escuelas tanto en América como en España. El Modernismo se presenta como una reacción a la sociedad mercantilista y utilitaria del momento, buscando denunciar la doble moral burguesa y evadirse del mundo inarmónico en los tiempos de la primera revolución industrial. En España, destacan figuras como Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez y Valle-Inclán, seguidores de Rubén Darío y practicantes de su credo estético.
Este movimiento se nutre de dos tendencias artísticas surgidas en Francia durante la segunda mitad del siglo XIX: el Parnasianismo y el Simbolismo. El Parnasianismo defiende una poesía cuidada, perfecta, duradera, que convierte cada poema en una obra de arte. Afirma que la poesía, como el resto de las artes, no está obligada a buscar utilidades sociales, sino que se basta a sí misma. Los parnasianos escriben poemas breves y apretados, con alto contenido conceptual, variedad de recursos estilísticos, lengua culta y gran musicalidad. El Simbolismo, por otro lado, surge a partir de obras de poetas como Baudelaire, Verlaine y Rimbaud. Los simbolistas se consideran herederos de los parnasianos, tomando la obsesión por una obra bien hecha, el cuidado uso de la lengua y siendo abiertamente antiburgueses. Se ven como individuos especialmente sensibles, capaces de interpretar los símbolos con los que la naturaleza le habla a los seres humanos; se creen por encima del bien y del mal, rechazan la moral burguesa y experimentan con el alcohol y las drogas con el objetivo de llegar a ciertos estados en la búsqueda de la esencia de las cosas. Los temas principales de estos rompen con los tabúes de la época, mientras que también tratan otros de gran elegancia en paisajes exóticos o del pasado.
1.1 Temas del Modernismo
La temática modernista se divide en dos vertientes: la recuperación de la armonía en ese mundo inarmónico y la intimidad del poeta. Destacan los temas que chocan con la mentalidad burguesa, los heredados del Romanticismo y el Simbolismo francés, el aislamiento voluntario de la sociedad alrededor de un gesto de superioridad moral e intelectual, el cosmopolitismo, el escapismo, y el amor y erotismo. Además, predomina la melancolía, la tristeza y la angustia, que reflejan el estado de ánimo del poeta. También abundan los temas americanos y lo hispánico.
1.2 Rasgos Estilísticos del Modernismo
El Modernismo se caracteriza por la búsqueda de la belleza ideal y la perfección formal, la recuperación de todo el acervo de la tradición métrica española, la abundancia de símbolos, recursos literarios y recursos fónicos, musicalidad, ritmo marcado, es decir, los recursos sensoriales. También predomina el mundo de los sentidos, la experimentación formal y la invención de nuevos ritmos y estrofas (soneto en alejandrinos). Los versos más usados son el dodecasílabo, el alejandrino y el eneasílabo. Presenta riqueza léxica, como cultismos y latinismos, además de constantes menciones a obras de arte y palabras seleccionadas por su belleza y connotaciones sensoriales.
1.3 Evolución del Modernismo y su Desarrollo en España
En Latinoamérica, el Modernismo se divide en dos etapas. La primera, desde 1888 (Azul…) hasta 1896, con la publicación de Prosas Profanas de Rubén Darío, se caracteriza por el preciosismo formal y el culto a la belleza sensorial. La segunda etapa abarca desde 1896 hasta 1916, año de la muerte de Darío. En esta se intensifica la presencia de la poesía intimista y los temas americanos, además de aumentar los efectos formales.
En España, también se distinguen dos periodos en la evolución del Modernismo. El primero abarca desde 1892 (primera visita de R. Darío a España) hasta 1903. Este es más combativo y contiene influencias parnasianas, además de la del poeta nicaragüense. Con la segunda visita de Darío a España en 1899, se afianza el movimiento. Cuenta con autores como Ricardo Gil (La caja de música), Manuel Reina (El jardín de los poetas) y Salvador Rueda (Lenguas de Fuego). Entre 1899 y 1905, se agruparon autores de distinta procedencia estética, como Francisco Villaespesa (Flores de almendro), Manuel Machado (Alma y Alma, museo y cantares) y Eduardo Marquina (Tierras de España). El segundo periodo está marcado por la aparición de la revista Helios en 1903, fundada por Martínez Sierra, Juan Ramón Jiménez y Pérez de Ayala, hasta 1916, con la muerte de Rubén Darío y la publicación de Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez. El Simbolismo influyó de una manera muy acentuada en distintos libros, como Soledades de Antonio Machado, y Arias tristes y Jardines lejanos de Juan Ramón Jiménez. Las figuras más representativas de esta etapa en España son Manuel Machado, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez en poesía, y Ramón María del Valle-Inclán con Sonatas en prosa.
1.4 Rubén Darío: Figura Central del Modernismo
Rubén Darío es el centro del movimiento modernista, y su renovación de la poesía ha resultado esencial para la literatura en español del siglo XX. Incorporó eficazmente al castellano las formas y temas de los grandes poetas parnasianos y simbolistas franceses. El culto a la belleza, mediante la creación de un mundo exótico plagado de cisnes, hadas, princesas y seres mitológicos, predomina en sus libros Azul… (1888) y Prosas profanas (1896), en los que también destaca un erotismo decadente y compulsivo. Prosas profanas supuso la culminación del primer Modernismo de Rubén Darío, el más imitado y decorativo. Rubén juega constantemente con aliteraciones, sinestesias, paralelismos, símiles e infinidad de metáforas para lograr una densa perfección formal de origen sensual (colores, texturas, aromas…) que presta a la música, el ritmo y la sonoridad de las palabras especialísima atención. En el libro cristalizan, además, gran parte de los símbolos más queridos por el poeta, como el cisne, que adquiere el prestigio de un alter ego idealizado.
En Cantos de vida y de esperanza (1905), Darío trata temas como el paso del tiempo, la muerte, la desesperación, la misión del poeta, la búsqueda de la fe y la preocupación por el futuro de América. Este libro fusiona toda la técnica rubeniana, pero despojada del colorido sensorial y revestida de una angustia constante que no abandona al poeta. En 1914, publica Canto a la Argentina, un extenso poema de 1001 versos para conmemorar el primer centenario de la independencia de Argentina, encargado por el periódico La Nación.
El Modernismo fue un movimiento que, a pesar de su brevedad, tuvo una gran trascendencia para las letras españolas. Rubén Darío introdujo en la poesía española los excesos sensoriales, los símbolos, el mundo exótico, el cosmopolitismo y la vida burguesa, heredados a su vez del Parnasianismo y el Simbolismo franceses, de la mano de autores como Manuel y Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez en poesía, y Valle-Inclán en prosa.
La Generación del 98: Crisis y Renovación
El paso entre los siglos XIX y XX está caracterizado en Europa por una crisis espiritual debido a los cambios científicos, sociales y políticos de aquellos años. Descubrimientos como el de los rayos X o la teoría de la relatividad ponen al descubierto el concepto simple en España de la realidad. Los jóvenes escritores se ven influenciados por algunos filósofos y sus pensamientos, lo que caracteriza la literatura del siglo XX. Estos se empapan de la literatura extranjera, además de los avances científicos y corrientes filosóficas; se dan cuenta del retraso de sus países en estos aspectos con respecto a Europa y Estados Unidos, y les lleva a desear esta modernidad para sus naciones.
Al perder España las colonias estadounidenses en América en 1898, pasa a ser un país de segundo orden. Buscando las causas de esto se da lugar al Regeneracionismo, donde se enmarca la Generación del 98, en la que se encuentran algunos intelectuales y políticos como Miguel de Unamuno, Antonio Machado y Valle-Inclán, que proponen la europeización de España con una serie de reformas. Estos comparten ciertos objetivos, como el propósito de superar el Realismo, la incorporación de nuevas técnicas expresivas de las últimas tendencias europeas, y muestran un deseo de modernidad sin renunciar a las tradiciones hispánicas. La novela se caracteriza por el rechazo del modelo realista-naturalista por no captar la complejidad de la vida en su sentido más profundo y por buscar nuevas técnicas narrativas que muestren los pensamientos humanos.
1902 es clave en la renovación de la novela española. Miguel de Unamuno publica Amor y pedagogía, Azorín La voluntad, Pío Baroja Camino de perfección y Valle-Inclán Sonata de otoño. Son muy distintas entre sí, pero todas tienen el propósito de ruptura con el modelo realista anterior.
1.1 Temas de la Generación del 98
Los dos grandes temas son: el tema de España (este país necesita una regeneración en todos los aspectos; reivindican su pasado glorioso, pero quieren europeizar la nación) y la angustia vital y el pesimismo (la influencia de los filósofos ya mencionados está muy presente en su obra, con lo que recurren a temas relacionados con el sentido de la existencia, el pesimismo, etc.).
1.2 Estilo de la Generación del 98
Lo que caracteriza a estos autores y sus obras es que conceden más importancia a las ideas que a las palabras; el estilo es antirretórico (fácil de entender) y el subjetivismo, con el que pretenden que el paisaje refleje sus estados de ánimo. Además, innovan con los géneros literarios: Nivola de Unamuno y Esperpento de Valle-Inclán.
2. Autores de la Generación del 98
2.1 Miguel de Unamuno
Miguel de Unamuno fue filósofo, novelista, poeta, dramaturgo, profesor de griego y rector en la Universidad de Salamanca, a cuya vida está ligada y donde finalmente muere en 1936. Liberal e individualista, su vida está marcada por una lucha entre la fe y la razón. La angustia constante con la que impregna sus obras se debe a la lucha entre contrarios y la duda. Esto se muestra en sus ensayos, poemas, dramas y novelas. Algunos ejemplos son: Vida de don Quijote y Sancho y La agonía del cristianismo.
Su primera novela fue Paz en la guerra, donde expone recuerdos de su infancia y aspectos de la cultura y el pueblo vasco. A continuación, en Amor y pedagogía, desconcertó a los críticos, que le discutieron su naturaleza novelística. Inventó el término nivola, que es la mezcla de reflexión y relato; suprime casi completamente todas las descripciones e indicaciones cronológicas y geográficas, apoyando el desarrollo con alto contenido filosófico y existencial y el análisis interior de los personajes. Niebla representa su madurez novelística. El protagonista visita a Unamuno, y la conversación entre ellos plantea cuestiones como la realidad y la ficción, la muerte y la vida. Abel Sánchez trata el tema de la envidia y se basa en el enfrentamiento entre un Caín bueno y un Abel malo. La tía Tula y San Manuel Bueno, mártir completan la aportación de Unamuno a la renovación de la novela española.
2.2 Pío Baroja
Pío Baroja escribió más de 60 novelas. Individualista radical, escéptico, con un fondo sentimental bondadoso, vive en un mundo de crisis que no le gusta. En sus obras, predomina la narración de sucesos y la acción sobre las descripciones (breves, impresionistas) con unos diálogos vivos e intensos que captan cómo es la vida para el autor: una lucha continua e ilógica.
En Camino de perfección, el protagonista trata de hallar un ideal ético que llene el vacío que dejó la pérdida de la fe. En El árbol de la ciencia, su protagonista se suicida tras no resolver los dilemas filosóficos que le paralizan ni haber encontrado un ambiente familiar, social e histórico que le ayude a realizarse social e individualmente. En la trilogía de La lucha por la vida, su protagonista llega a Madrid a finales del XIX y presencia las capas más miserables de la sociedad. Así inicia un tipo de novela social continuada en los años 30 y 50.
2.3 Azorín
Los relatos de Azorín son excelentes y originales, con descripciones paisajísticas y evocaciones del pasado español (Los pueblos, La ruta de Don Quijote, Castilla). En La Voluntad, pretende conseguir verosimilitud psicológica por fragmentos separados que transmitan al lector las sensaciones que los personajes experimentan, y también tiene una dimensión filosófica. Los rasgos que marcan la técnica son la ausencia casi total de argumento y acción externa, el estilo antirretórico y una prosa con gran intensidad lírica (Don Juan, Doña Inés).
2.4 Ramón María del Valle-Inclán
Ramón María del Valle-Inclán visitó todos los géneros, mezclándolos y reinventándolos. Comedias bárbaras pertenecen al mundo de la narrativa o el teatro, lo que indica la voluntad de ruptura y renovación de los géneros literarios, que llevará al esperpento. En Tirano Banderas, se inician las novelas de “dictador”. Ambientada en un país latinoamericano, es un alegato contra todo poder dictatorial y una obra maestra del lenguaje. La composición es compleja e innovadora, rompe la linealidad temporal de la acción y sustituye varios actos presentados en cuadros fragmentados y superpuestos. Crea una lengua literaria en la que se funden americanismos, jerga callejera madrileña, etc. El ruedo ibérico es un ciclo inacabado dentro del grupo de novelas históricas esperpénticas, donde Valle-Inclán ajusta cuentas con la clase dirigente del siglo XIX.
La aportación de este autor al género dramático es fundamental para su renovación. Nunca se plegó a los gustos del público, que calificaban sus obras de irrepresentables. Esto hizo que, al publicarlas, se leyesen menos, y explica la importancia y calidad literaria de las acotaciones. En los esperpentos, se aprecian sus excepcionales e innovadoras cualidades escénicas. La trilogía Comedias bárbaras inicia el periodo conocido como teatro en libertad, que rompe con el modelo realista anterior. La visión degradada de la realidad refleja la condición humana en Farsa y licencia de la reina castiza. Con Divinas palabras, culmina la explotación del género teatral, siendo este un drama rural de gran intensidad. Luces de Bohemia es su primer esperpento y obra más conocida. Su protagonista vive en la miseria con su mujer y su hijo; Don Latino se aprovecha de él y lo engaña. Ofrece una visión trágica y grotesca de la España de su tiempo. Martes de Carnaval son otros tres esperpentos reunidos que ahondan en la crítica de la sociedad española. Las características del esperpento son: una visión impasible y distanciada de la realidad, una deformación paródica de la realidad con una intención crítica, la animalización y cosificación de los personajes, el lenguaje plagado de registros variados, vulgarismos, etc., y el contraste entre lo trágico y lo cómico.
2.5 Antonio Machado
Antonio Machado publica Soledades, galerías y otros poemas, tras lo que su poesía se vuelve más austera y refleja una preocupación creciente por los problemas de la patria, pero sin abandonar la vena intimista de Campos de Castilla, que escribe tras la pérdida de su esposa. Los poemas que escribió en su memoria están llenos de emoción y son uno de los ciclos más valiosos de su madurez. Canta al adusto paisaje castellano, convertido a menudo en el reflejo de su mundo interior. Por último, se centró en el periodismo y la prosa ensayística. Juan de Mairena es una de sus mejores y más novedosas obras del momento.
2.6 Ángel Ganivet y Ramiro de Maeztu
Ángel Ganivet y Ramiro de Maeztu tuvieron una menor repercusión en la Generación del 98. Entre las obras de Ganivet, se encuentra Idearum español, donde hace una interpretación histórica de España y de las causas de su decadencia. Entre las obras más famosas de Ramiro de Maeztu, se encuentran Hacia otra España y Defensa de la hispanidad.
Los autores del 98 pretendieron llevar a cabo una renovación cultural y social partiendo de presupuestos regeneracionistas que buscaban una España más moderna. Preocupados por cuestiones esenciales y el atraso de nuestro país, llevaron a cabo una renovación de la literatura, sobre todo con el esperpento de Valle-Inclán.
Novecentismo y Vanguardias: Racionalismo y Experimentación
1. El Novecentismo
El Novecentismo, o Generación del 14, se suele definir por negación: lo que ya no es Generación del 98 y todavía no es la Generación del 27. Podemos afirmar que el Novecentismo es un movimiento renovador, el cual pretende una estética intelectual y racional, depurada del sentimentalismo romántico y de los excesos sensoriales y formales del Modernismo.
Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, comienzan a entreverse nuevos caminos estéticos que, frente a las tendencias anteriores modernistas y simbolistas, pretenden renovar la expresión artística en la búsqueda de nuevos horizontes. En España, este proceso fue llevado a cabo inicialmente por los escritores e intelectuales de la Generación del 14.
Ortega y Gasset, en el ámbito de la reflexión ensayística y la Revista de Occidente, así como Ramón Gómez de la Serna (con obras como Automoribundia, El torero Caracho, Seis falsas novelas o El caballero del hongo gris), Rafael Cansinos y algunos jóvenes de la Generación del 27, junto a poetas ya consagrados como Juan Ramón Jiménez, dan este nuevo impulso a nuestra literatura.
Uno de los rasgos más característicos del Novecentismo es la sólida formación intelectual de sus integrantes, ya que muchos han estudiado en el extranjero y representan la excelencia cultural del momento. En este sentido, la importancia del intelectualismo determina mayormente la tendencia a lo ensayístico. El principal de los ensayistas novecentistas es José Ortega y Gasset, cuyas reflexiones destacan sobre el tema de España y su vertebración en España invertebrada; sus ideas sobre estética, como en La deshumanización del arte (1925), ensayo en el que valora y define el arte nuevo del Novecentismo y de las Vanguardias. El concepto de deshumanización aplicado a las Vanguardias se refiere a que el arte se aleja de los problemas sociales y existenciales del individuo para convertirse en una manifestación estética de arte puro que se sustenta en lo intelectual, lo formal y, a veces, también en lo lúdico. Otros grandes ensayistas son Eugenio D’Ors (con Tres horas en el Museo Del Prado o De la amistad y del diálogo) y Gregorio Marañón, médico que se preocupó por reflexionar sobre aspectos históricos, literarios y culturales.
En el terreno de la novela, conviven dos tendencias: la representada por los narradores tradicionales, como Ricardo León con Casta de hidalgos, y la de los narradores renovadores, como Wenceslao Fernández Flores con Relato inmoral, El malvado Carabel y El bosque animado; Benjamín Jarnés, con Locura y muerte de Nadie; y, en especial, Pérez de Ayala, con obras como Tinieblas en las cumbres, y Gabriel Miró, con El obispo leproso y Nuestro padre San Daniel. En general, todas estas novelas fusionan lo narrativo y lo ensayístico.
En cuanto a la poesía novecentista, se suele identificar con la denominada poesía pura: poesía intelectual, que anhela la perfección formal y queda libre de ropajes modernistas y altisonancias románticas. El máximo representante de este sentido es Juan Ramón Jiménez, pues entiende la poesía como una búsqueda incansable de la belleza. Se centra en temas como la poesía, la belleza, el amor, la naturaleza, Dios y el ansia de eternidad.
Aunque su obra se considera la gran representante de la poesía novecentista, Juan Ramón conecta con la estética modernista en su llamada etapa sensitiva, con obras como La soledad sonora y la bella elegía en prosa a un borrico en Platero y yo. Posteriormente, en su etapa intelectual, entrará de lleno en la poesía desnuda, con Diario de un poeta recién casado, una poesía pura que busca el nombre exacto de las cosas despojándose de los ropajes modernistas. Por último, en su etapa verdadera, la cual se extiende desde su exilio en 1936 hasta su muerte, escribe poemarios de gran profundidad psicológica en los que abarca preocupaciones como la muerte, Dios o el paso del tiempo. Así ocurre en Dios deseado y deseante.
En lo referente al teatro, a partir de 1914 se percibe la sensación de que está en crisis desde un punto de vista estético debido a la repetición de formas anteriores, pero siguen triunfando autores como Jacinto Benavente, Arniches o Muñoz Seca, puesto que los autores innovadores fracasan o no llegan a representar. Destaca Jacinto Grau, que triunfó en el extranjero más que en España.
1.2 Las Vanguardias en España
Con el nombre de Vanguardias se designa una serie de movimientos artísticos que se desarrollaron en Europa durante el primer tercio del siglo XX. El propósito común que anima a todos estos movimientos es el de renovar radicalmente el arte y la literatura anteriores, creando nuevas formas estéticas. Los vanguardismos más importantes fueron: Futurismo, Cubismo, Expresionismo, Dadaísmo y Surrealismo. En el ámbito de la literatura española, se debe añadir el Ultraísmo y el Creacionismo. En España, las Vanguardias se manifiestan como el reflejo de las Vanguardias europeas, aunque se adaptan transformándose en el Creacionismo, cuyo mayor representante fue Vicente Huidobro, y el Ultraísmo, con Gerardo Diego. La Vanguardia en nuestro país se manifestó a través de publicaciones como Revista de Occidente, Prometeo y tertulias literarias como las del café Pombo. En cuanto a sus representantes, el gran impulsor fue Ramón Gómez de la Serna. En la obra de este autor, destaca la greguería (la suma de la metáfora y el humor) que abre nuevos caminos para las Vanguardias españolas. Entre sus obras, destacan: El novelista y El torero Caracho.
En cuanto a los diferentes movimientos en nuestro país, el Surrealismo fue el que perduró más y el que tuvo más repercusión. Surge en 1924 con el manifiesto de André Bretón. Es un movimiento que pretende liberar con el arte los impulsos reprimidos por las convenciones morales y sociales, así como hacer aflorar el inconsciente, lo irracional y lo onírico. Defiende la escritura automática, las asociaciones libres de palabras y las metáforas insólitas. Muchos poetas abrazaron los principios del Surrealismo, como Rafael Alberti, con el poemario Sobre los ángeles, y Federico García Lorca, con Poeta en Nueva York.
En conclusión, el Novecentismo es un movimiento renovador, esteticista e intelectual, con tendencia a lo ensayístico y alejado de problemas sociales y existenciales, en el que destaca la poesía pura y perfecta de Juan Ramón Jiménez. Las Vanguardias, por su parte, fueron movimientos de renovación de la literatura y el arte, entre las que destacan en España las figuras de Ramón Gómez de la Serna, Rafael Alberti y Federico García Lorca, que abren paso a las nuevas tendencias de la Generación del 27.