Literatura Española del Renacimiento: Géneros, Autores y Obras Clave del Siglo XVI

El Renacimiento Literario en España (Siglo XVI)

El Renacimiento (que se inicia en Italia en el siglo XIV, casi dos siglos antes) en España no rompe de forma brusca con el pasado medieval, sino que, de forma tardía (a finales del siglo XV), asume ese pasado para evolucionar combinando lo culto e innovador (literatura italianizante) con lo popular (literatura tradicional). A lo largo del siglo XVI veremos surgir nuevos subgéneros narrativos y morir otros, se desarrolla el teatro de forma plena y profesional, asistiremos al desarrollo de una literatura religiosa como forma genuinamente hispánica…

1. Narrativa Renacentista

Género de gran éxito en el XVI, fundamental en el desarrollo de los Siglos de Oro españoles. Se consolidan algunos de los subgéneros novelescos medievales (como la novela de caballerías), pero otros entran en decadencia (como la novela sentimental) a la vez que nacen otros nuevos (novela morisca, picaresca, bizantina, pastoril y corta). Diferenciaremos entre la tendencia idealista y la realista.

Narrativa Idealista

Libros de caballerías

Parten de la tradición épica medieval, pero adaptándola a los cambios históricos. El protagonista de la novela de caballerías es un personaje tipo, el caballero andante, con caracteres inalterables y cuyo motor es exclusivamente el amor. Fases:

  • Fase fundacional: culmina con la publicación en 1508 del Amadís de Gaula de Rodríguez de Montalvo.
  • Fase constituyente: obras publicadas entre 1510 y 1512 (Las sergas de Esplandián del propio Montalvo o el Palmerín de Oliva de Francisco Vázquez…).
  • Fase de expansión y evolución: desde 1514 se incorporan a estas novelas materiales de otros géneros y comienza la sátira del caballeresco: Amadís de Grecia de Feliciano de Silva…

Un dato interesante es que entre 1501 y 1550 se publicaron 267 ediciones, pero en toda la segunda mitad del XVI no llegan a 10. El ocaso del género caballeresco es evidente.

Libros de pastores

Remontan su tradición a la antigüedad grecolatina, siguiendo los modelos de Teócrito (siglo III a. C.) y Virgilio (siglo I a. C.), o al renacimiento italiano: Dante (XIII), Petrarca o Boccaccio (XIV), aunque la fuente más directa es La Arcadia de Sannazaro del XV. Del mismo modo que estas obras y autores influyeron en el nacimiento de la lírica pastoril (lo veremos en Garcilaso de la Vega), lo hará sobre la narrativa, dando lugar a la novela pastoril. Es un género artificioso y poco realista, inspirado en el amor platónico de tipo cortés y petrarquista. Su función es evadirse de la realidad a través de una visión idílica del mundo pastoril, cuyos protagonistas viven cantando y contando sus penas amorosas en un locus amoenus, a veces, personificado. La mejor novela del género es La Diana (Los siete libros de la Diana es el título completo) de 1559, escrita por Jorge de Montemayor y protagonizada por seis pastores y pastoras que van presentando sus diferentes “quejas” de amor, así como la maga Felicia que resuelve los conflictos. Esta obra será imitada y continuada por autores posteriores.

Libros de aventuras (Novela Bizantina)

Llamadas también novelas bizantinas, se distinguen por unir un rasgo dinámico (aventuras sorprendentes, a veces fantásticas) con otro afectivo (relato de amor apasionado). Lo más destacado es la hiperbólica sucesión de peripecias, ambientes y culturas variadas, situándose entre la novela de viaje y la amorosa. En España el género comienza con Núñez de Reinoso y su Historia de los amores de Clareo y Florisea y las tristezas y trabajos de la sin ventura Isea, natural de Éfeso (1552) y continúa con otras de gran éxito, como Selva de aventuras de Jerónimo de Contreras (1565), enormemente influido por La Diana.

Novela Morisca

Género de indudable raigambre hispánica, relacionado con la prolongada duración de la guerra de Granada, que dio lugar a esas relaciones fronterizas entre moros y cristianos y que recoge, al menos en parte, alusiones históricas. Están muy relacionadas con los libros de caballerías (por ejemplo, el heroísmo del protagonista), con el platonismo (idealización) y con la novela sentimental (concepción del amor). Sin embargo, el papel de la mujer varía, ya que no es solo objeto, sino sujeto de dicho amor. La maurofilia en estas novelas es una constante: se hace un tratamiento de los personajes semejante al de los caballeros cristianos (nobleza, rectitud, lealtad…). Podemos diferenciar entre dos modalidades:

  • Las novelas relacionadas con el reino de Granada, con dos subtipos:
    • Las fronterizas (Historia de los amores de Abindarráez y de la hermosa Jarifa, de 1551 y anónima, se publicó dentro de La Diana de Montemayor en 1561 y es conocida como El Abencerraje).
    • Las granadinas (Historia de Ozmín y Daraja, de Mateo Alemán e intercalada en el Guzmán de Alfarache en 1599; Guerras civiles de Granada de Ginés Pérez de Hita, 1595-1619).
  • Los relatos de cautividad (no son propiamente moriscas porque los protagonistas son cristianos cautivos): se ambientan en África y se publican ya en el siglo XVII (“historia del cautivo” dentro de El Quijote o los “falsos cautivos” del Persiles).

Relato Breve (Novela Corta)

Novela de tendencia italianizante que introduce en nuestra literatura temas y estructuras extranjeras. Sus rasgos principales son la brevedad y el humor, no exento de didactismo. En España sigue dos direcciones:

  • El cuento: subgénero en el que destaca Juan de Timoneda, con obras que toma tanto de relatos eruditos como de la tradición oral. Se conservan dos grandes colecciones de sus cuentos: El sobremesa y alivio de caminantes (1563) y Buen aviso y portacuentos (1569), para entretener la sobremesa y los viajes, respectivamente.
  • La novela corta: dentro de la que sobresale el mismo autor con El Patrañuelo, colección de relatos breves, llamados “patrañas” por Timoneda, y que marcarán tendencia en la novela española a partir del XVII.

Narrativa Realista

Género Celestinesco o Novela Erótica

Pertenecería a la segunda tendencia de la novela renacentista, más realista, y continúa el estilo de la obra dramática de Rojas, pero dentro del género narrativo, por ejemplo La segunda Celestina (1534) de Feliciano de Silva o La tercera parte de la Tragicomedia de Celestina (1536) de Gaspar Gómez… Destaca en ellas el realismo descriptivo y el haber elevado el habla cotidiana a categoría literaria (como veremos también en teatro con los entremeses o pasos y en la novela picaresca). La obra más destacada de este subgénero es el Retrato de la lozana andaluza de Francisco Delicado (1528). Aunque se publicó anónima en un primer momento, sabemos que su autor fue un judío expulsado por los Reyes Católicos a Italia, donde vivió una vida licenciosa. En ella se da una visión carnal del amor (nada idealizado ni platónico), con un “retrato” al natural de la protagonista, una mujer que el propio autor conoció en Roma, en medio de un ambiente corrupto y viciado, y rodeada de otros ciento veinticinco personajes entre los que se encuentra el mismo autor.

Novela Picaresca

Género genuinamente español de carácter realista que se desarrollará plenamente en el siglo XVII, pero que tiene su origen en el XVI gracias a una obra maestra que inaugura el género: Lazarillo de Tormes.

Vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades

Publicada en 1554, constituye la primera novela moderna de la historia de nuestra literatura (hasta ahora el protagonista era siempre un héroe adulto): presenta una vida haciéndose desde la niñez y el protagonista es, por primera vez, un antihéroe.

  • Publicación: Salen de la imprenta, en 1554, simultáneamente tres ediciones (en Burgos, en Alcalá de Henares y en Amberes) sin nombre de autor. Solo cinco años después fue incluida en el “índice de libros prohibidos”, pero eso no impidió su divulgación clandestina y su éxito, así como su traducción a otras lenguas. En 1573 se publica una versión expurgada y no volverá a editarse completa en España hasta 1834, aunque sí en otros países.
  • Problemas en torno a su composición y autoría: Se ignora la fecha exacta de composición, ya que en la obra hay dos alusiones históricas que contribuyen a crear más confusión. La primera es la expedición militar a los Gelves (pero hubo dos, en 1510 y en 1520) y la segunda es la alusión a la celebración de Cortes en Toledo por parte de Carlos I (pero también hubo dos, en 1525 y en 1539). Probablemente sean las más tardías, y la obra se escribiera hacia 1550, muy poco antes de su publicación. El otro problema es la autoría: se barajaron multitud de nombres de la época (el fraile Juan de Ortega, un erasmista, un judío falso converso, Sebastián de Horozco…), pero la hipótesis más segura es la que confirmó en 2010 que el autor probablemente sea Diego Hurtado de Mendoza, poeta y embajador español en Italia.
  • Fuentes: El autor, hombre erudito sin ninguna duda, se basa en orígenes folklóricos (relatos y cuentos populares de la época), en la realidad social (personajes tipo identificables en la España del XVI) y en orígenes literarios (el Novellino de Masuccio de Salerno, el niño-guía de La lozana andaluza de Delicado, de los cuentos de Timoneda o de Horozco).
  • Estructura: La obra está formada por un prólogo y siete tratados. Se ha discutido sobre el acierto o no de la extensión irregular de cada uno de los tratados. El primero (ciego), el segundo (clérigo de Maqueda), el tercero (escudero) y el quinto (buldero) son amplios; mientras el cuarto (fraile de la Merced), y el sexto (capellán) ocupan apenas unas líneas. El séptimo es intermedio y se sitúa en el presente del protagonista, con un salto temporal de 4 años. ¿Se trata de resaltar los episodios más importantes en la vida de Lázaro (proceso de aprendizaje) o es fruto de la censura? En todo caso, la unidad estructural la aporta el protagonista, que en el prólogo (epístola a vuestra merced) dice que va a contar su vida para justificar “el caso” sobre el que le piden explicaciones.
  • Relato “autobiográfico”: El punto de vista es el de un narrador interno que en primera persona relata su biografía. Concretamente, es la carta en la que se presenta una autobiografía fingida para hacer más creíble y realista la ficción.
  • ¿Novela picaresca?: Se ha discutido sobre si el Lazarillo pertenece o no al género picaresco (plenamente desarrollado en el siglo siguiente), dado que el protagonista no es realmente un “pícaro” (ni siquiera se nombra así en la novela). Realmente Lázaro es un desdichado; sin embargo, cumple todas las características de la novela picaresca que seguirán todas las obras posteriores:
    • Autobiografismo (el protagonista narra su propia vida).
    • Hijo de padres sin honra.
    • La pobreza le obliga a abandonar su hogar.
    • Sirve a diversos amos.
    • Usa tretas ingeniosas para robar (sea por hambre o por vicio).
    • No logra salir de su estado miserable (aunque aspire a ello y lo aparente).
    • Suerte y desgracia se alternan.
    • Suele contraer matrimonio sin honra.
    • Realismo (no narra sucesos fantásticos).
  • Temática: Destacan tres temas: la honra (aunque no como concepto abstracto o general, sino que cada personaje tiene su propia moral, como vemos en el concepto de “las apariencias”); la religión (la visión de esta y de la moral están tamizadas por la ironía y la sátira social, resultando una obra de corte anticlerical); y el hambre (in crescendo y relacionada con la avaricia, la mendicidad y la caridad).
  • Personajes: Lázaro de Tormes es el protagonista, que es presentado en un proceso psicológico evolutivo con rasgos como: la capacidad de observación y supervivencia, la agudeza e ingenio, los buenos sentimientos y la inocencia hasta el tratado III (desde aquí ya veremos al “pícaro” consumado), el “ascenso” social y el concepto pragmático de la vida. En cuanto a los amos de Lázaro, distinguimos dos grupos: el estamento seglar, donde se incluirían el ciego del tratado I (muy bien construido física y psicológicamente, y fundamental en el proceso de “formación” de Lázaro); el escudero del tratado III (el núcleo temático de la honra es la base de este personaje, que es el único con rasgos positivos, y que contribuye a la maduración definitiva del protagonista); el maestro de pintar panderos del tratado VI y el alguacil del tratado VII. El estamento clerical presenta como rasgos comunes la avaricia y la corrupción, y está representado por los otros cuatro amos: el clérigo de Maqueda del tratado II (sin ningún rasgo positivo, destaca su avaricia extrema); el buldero del tratado V (responde al tipo de impostor, habitual en la sociedad de la época); el fraile de la Merced del tratado IV (meramente anecdótico, solo sirve de cauce para mostrar el anticlericalismo del autor); y el arcipreste de San Salvador del tratado VII (el amo presente y último, con una moral bastante corrupta e hipócrita, no aporta nada a la formación del protagonista).
  • Estilo: Ejemplo de simplicidad expresiva, será modelo de otros escritos renacentistas. Aparente stylus humilis que viene justificado desde el prólogo, pues el narrador pide disculpas por su “estilo grosero”: naturalidad y ausencia de retoricismos son sus rasgos fundamentales. Los diálogos son coloquiales, consiguiendo el “decoro” al hacer hablar a los personajes según su procedencia estamental. Sin embargo, en las partes descriptivas y narrativas tampoco se observan excesivos artificios, incluso puede valerse de vulgarismos, ya que le interesa la exactitud del lenguaje. La lengua es un reflejo del fondo social y geográfico, pudiendo identificar el habla de Toledo y palabras de uso cotidiano, que huyen de la afectación. Se considera una obra maestra de la prosa renacentista castellana.

2. Lírica Renacentista

En la España del XVI podemos hablar de dos renacimientos: una primera mitad más aperturista a las influencias europeas y una segunda mitad más hermética por temor al avance del luteranismo. En primer lugar, la lírica del Renacimiento surge como confluencia de la poesía culta de sentido europeísta y moderno con la poesía más tradicional de valor nacionalista, es decir, la poesía del XVI discurre entre la tradición castellana (que sigue cultivando la poesía cancioneril, los romances…) y la innovación italianizante (poesía petrarquista, introducida por Boscán y Garcilaso, que trata de recuperar el mundo clásico). La ambientación bucólica y pastoril, la visión neoplatónica del mundo, la valoración estética del mito y una concepción del amor tipo provenzal (amor cortés) serán sus principales rasgos.

En la segunda mitad del siglo surgirán dos tendencias principales que continúan la estela del Petrarquismo:

  • La Escuela sevillana, encabezada por Fernando de Herrera, caracterizada por su manierismo y que canta el amor humano.
  • La Escuela salmantina, representada por Fray Luis de León, caracterizada por su mayor sencillez y su temática moral y religiosa.

Características de la Lírica Renacentista

  • Versos: Predomina el uso de nuevas medidas, especialmente del endecasílabo, frente al octosílabo tradicional hispánico, por parecer más propicio para expresar el intimismo. El segundo verso más usado es el heptasílabo.
  • Estrofas: Combinando endecasílabos entre sí o endecasílabos con heptasílabos, veremos nuevas combinaciones estróficas muy empleadas. El predilecto es el soneto, ideal para la literatura amorosa; pero también se emplea la lira, la canción, el terceto (especialmente los tercetos encadenados), la octava real, el cuarteto, el sexteto lira, el madrigal
  • Géneros poéticos: La égloga (sin base métrica, se identifican por la temática y el estilo: escenario pastoril, locus amoenus, conflictos amorosos con diálogos o monólogos refinados entre pastores); la epístola (culta en tercetos encadenados o informal en versos sueltos); la oda (formada por liras).
  • Temas: El amor, entendido a la manera petrarquista (concepción neoplatónica del mundo que idealiza la realidad, especialmente la belleza femenina); la naturaleza, idealizada y armónica (se describen los estados anímicos en un paisaje equilibrado, bucólico y apto para la reflexión amorosa); y la mitología (los poetas usan mitos, personajes y situaciones de la antigüedad grecorromana para expresar situaciones semejantes a las experimentadas por ellos mismos). Tampoco olvidemos las continuas referencias a tópicos literarios como el carpe diem (y su variante collige, virgo, rosas), el locus amoenus, el beatus ille, el aurea mediocritas

Garcilaso de la Vega (1501? – 1536)

Encarnó el ideal cortesano, al ser hombre de armas y letras. Sus poesías no fueron publicadas hasta después de su muerte (1543) por la viuda de Juan Boscán, como un anexo a las de su marido. En esta edición faltan algunos poemas, añadidos en la edición del Brocense de 1577. Su poesía recibe influencias de la poesía cancioneril castellana y del valenciano Ausias March, de la literatura bucólica de Sannazaro y, sobre todo, de la poesía de Petrarca.

  • Obras: Una epístola (A Boscán); dos elegías; tres églogas (la más perfecta es la Égloga III, escrita en octavas reales); cinco canciones en estancias (excepto la Oda V, A la flor de Gnido, en liras); 38 sonetos, donde podemos ver al Garcilaso más petrarquista (sentimiento amoroso, descripción femenina, dolor, paisaje, mitos clásicos…), pero también la influencia de la poesía cancioneril (uso de la derivación…); y otras composiciones menores.
  • Estilo y lengua: Sus metáforas sencillas (amor=llama, ojos=luces, cabello=oro, pasión=fuego…), tópicos de la poesía petrarquista. Abundan los símiles, las hipérboles y las figuras de entonación, así como los epítetos. Su lenguaje es escogido, sencillo y sin abusar de los extranjerismos; busca la claridad y la exactitud, la armonía y la suavidad. La expresión clave sería “equilibrio formal”.

3. Literatura Religiosa: Ascética y Mística

Durante la segunda mitad del siglo XVI, relacionado con la Contrarreforma y el temor ante el avance del protestantismo en Europa, la literatura petrarquista evolucionó hacia una temática de carácter religioso: el Misticismo, movimiento que tan buenos frutos tardíos da en España. Se divide en dos corrientes:

  • Ascética: Consejos sobre las actividades que el espíritu debe realizar para alcanzar la perfección moral.
  • Mística: Descripción de los fenómenos experimentados por algunos privilegiados cuya alma entra en contacto con Dios.

La ascética sería una parte de la mística, y esta se explica y desarrolla a través de tres vías:

  • La vía purgativa (penitencia).
  • La vía iluminativa (saber).
  • La vía unitiva (unión y éxtasis).

Los ascetas recorren las dos primeras, y solo los místicos alcanzan la tercera vía, cuya experiencia es indescriptible.

  • Autores místicos: San Juan de la Cruz (Noche oscura del alma, Cántico espiritual y Llama de amor viva). Como autora de prosa mística, destaca Santa Teresa de Jesús (Libro de su vida, Las moradas, Camino de perfección).
  • Autores ascetas: Destaca Fray Luis de León y, como representante de la prosa ascética, Fray Luis de Granada (Guía de pecadores, Introducción al símbolo de la fe).

Fray Luis de León (1527-1591)

Hombre erudito, erasmista y petrarquista de formación. Escribe tanto en prosa como en verso. En prosa, lo hace tanto en latín como en castellano: De los nombres de Cristo, La perfecta casada, Exposición del libro de Job. Pero nos interesa sobre todo su poesía original: sigue parte de la moda petrarquista en la forma, usando a veces el soneto, pero sobre todo la lira. Sin embargo, encuentra su propio tema: la contemplación de la vida terrena como suplicio y la del cielo como suprema liberación. Este autor encabezará la Escuela salmantina, mucho menos retórica que la sevillana. Fray Luis empieza imitando a los clásicos, se va acercando al estilo horaciano (beatus ille y neoplatonismo), pero el sentimiento cristiano se hace cada vez más fuerte: ansía llegar a Dios a través de la poesía de la naturaleza. Su obra es breve, apenas cuarenta poemas, entre los que destacan sus veintitrés Odas, cuyo tema principal será el aurea mediocritas y la crítica de los vicios sociales. En cuanto a la métrica, destaca el uso de la lira garcilasiana (de 5 versos), pero también la de 4, de 6 y de 7 versos, además de la estancia, los tercetos encadenados y la décima. Su estilo busca el equilibrio entre fondo y forma: simplicidad en el léxico y sencillez de la imagen, aunque la facilidad de su poesía solo es aparente. Usa encabalgamientos abruptos, latinismos sintácticos y métricos, cultismos semánticos latinos, hipérbatos… En ningún momento descuida la corrección: decía que se debía buscar la naturalidad, pero con selección.

4. Otros Géneros Renacentistas

  • Teatro: Arrancando del drama litúrgico medieval, surge la “égloga renacentista” de carácter popular, junto con un teatro universitario y académico fuertemente elitista. Finalmente, se desarrollará el teatro religioso (Autos de Navidad, de la Pasión…). Destacan autores como Torres Naharro (comedias), Juan del Encina (religioso y profano), Gil Vicente (comedias, farsas, tragicomedias…) y Lope de Rueda (famoso por sus Pasos o entremeses, y primer autor profesional).
  • Épica culta: Género específico del Renacimiento, que se inspira en fuentes latinas (Virgilio) e italianas (Ariosto), y relacionado con la Contrarreforma.
  • Historia: Con especial difusión de las “Crónicas de Indias”.

5. Miguel de Cervantes (1547-1616)

Autor de transición entre dos épocas, es renacentista de formación y de producción, aunque algunas de sus obras más emblemáticas se publican cuando el Barroco ya había echado a andar. Cultivó, aunque con diferente fortuna, todos los géneros literarios.

  • Producción poética: Escribió varias composiciones, algunas de las cuales aparecen dentro de sus obras prosísticas (como La Galatea o El Quijote), pero no parece que tuvieran mucho éxito, como él mismo reconoce en su obra de crítica literaria Viaje del Parnaso.
  • Producción dramática: Su obra teatral sí que destaca, aunque sea menos reconocida, y quedase eclipsada en su época por la abrumadora producción de Lope de Vega. Escribió ocho Entremeses (obrillas breves para ser representadas en los entreactos de las obras mayores), una comedia picaresca (Pedro de Urdemalas) y una tragedia (La Numancia).
  • Producción novelística: Tocará todos los subgéneros narrativos conocidos hasta la época: la novela pastoril (La Galatea, 1585, su primera novela), la novela sentimental y bizantina (Los trabajos de Persiles y Sigismunda, 1617, publicada póstumamente), la novela corta (Novelas ejemplares, 1613, formada por doce relatos), e incluso reúne todos los géneros en una sola obra, El Quijote, donde, además de todas los citados, podemos encontrar novela morisca y, por supuesto, de caballerías.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605 y 1615)

Cervantes trató de hacer una parodia de los libros de caballerías que tanto habían degenerado para denunciar sus defectos y establecer las características que debía cumplir un buen libro de este género: verosimilitud, unidad y didactismo.

  • Ediciones: La 1ª parte se publicó en Madrid en 1605. Su éxito fue inmediato (hasta 6 ediciones y varias traducciones). Tras la publicación de una falsa segunda parte en 1614 firmada por un tal Avellaneda, Cervantes precipitó por fin la publicación de la 2ª parte, que había prometido repetidas veces, en 1615. Para la crítica, es la mejor estructurada, ya que no hay novelitas ni historias intercaladas, no hay divagaciones del argumento central y en ella los personajes principales alcanzan su máximo esplendor psicológico.
  • Estructura: La primera parte está formada por 52 capítulos e incluye las “hazañas” de don Quijote en sus dos primeras salidas, primero solo y luego acompañado por Sancho Panza, con un mismo esquema estructural (salida-estancia en una venta y regreso al hogar); trama causa-efecto, que incluye novelitas intercaladas cuyo argumento carece de relación con la historia principal. La segunda parte la componen 74 capítulos (tercera salida) y se centra en los protagonistas; aunque destacan las constantes referencias a la 1ª parte y al Quijote apócrifo de Avellaneda.
  • Los autores ficticios: Juego del autor para darle verosimilitud e independencia al relato. Se habla al principio de varios autores que se basan en los anales de la Mancha, y que se reducirá luego a uno que se interrumpe en el episodio ocho. Luego se nombra a un segundo autor (editor) que encuentra el resto del relato escrito en árabe y lo manda traducir. También se alude al traductor. Y finalmente se nombra a Cide Hamete Benengeli, el “verdadero” autor de la historia, musulmán que se convierte en el principal recurso de Cervantes para dar sensación de imparcialidad y de autenticidad histórica.
  • Personajes: Son más de 700, aunque los principales son don Quijote (representante de lo ideal, la justicia y las virtudes caballerescas) y Sancho Panza (representante de lo material, lo práctico y humano). Perfectamente retratados, física y moralmente, es interesante su progresión y contagio mutuo (quijotización de Sancho y sanchificación de don Quijote).
  • Estilo: Destaca, ante todo, la riqueza de registros. Desde el más culto, representado a través de la lengua retórica de don Quijote cuando imita el lenguaje caballeresco de los libros, pasando por el coloquial y vulgar, hasta llegar a las jergas. Magistral es la combinación de narración, descripción y diálogo. Los episodios correspondientes a la trama principal se narran en tercera persona, mientras que aquellos en los que los personajes cuentan su propia historia cambia el punto de vista a la primera persona. La descripción es más escasa, pero sirve para ofrecer datos externos de los personajes (paisajes, ambientes, indumentaria…). Pero es el diálogo el mayor acierto estilístico de la novela por la multiplicidad de registros caracterizadores de cada personaje y hablante.

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