Literatura española de finales del siglo XIX: Modernismo y Generación del 98
Contexto histórico y cultural
Con la crisis de fin de siglo se produjo un cambio de ideas y valores basados en corrientes de pensamiento irracionalistas (Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche) y también un ansia de renovación artística y vital.
En España, a la crisis cultural se unieron la conciencia de decadencia, la preocupación por el atraso y el porvenir del país, la influencia del regeneracionismo y el desastre del 98. Los escritores de la llamada Generación del 98 comenzaron a escribir con deseos de renovación estética, influidos por la literatura europea.
La pretensión de la Generación del 98 fue conmover la conciencia nacional y se centró en el problema de España. Se caracteriza por su antirretoricismo y la creación de una lengua natural al servicio de la inteligencia.
La narrativa del 98
Los narradores propios de la Generación del 98 son: Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Azorín y Ramón María del Valle-Inclán. En las primeras décadas del siglo XX, surge una novela que se centra en las emociones personales e íntimas de los personajes, por lo que ha recibido también el nombre de novela lírica. La novela se aleja de la pretensión de representación mimética de la realidad.
Características de la novela lírica
- Pérdida de relieve de la historia: La historia pierde relevancia frente al discurso, es decir, cómo se cuenta. Las acciones son mínimas, el tiempo cronológico es sustituido por un tiempo subjetivo y el espacio pierde contornos definidos.
- Centralización en los conflictos del protagonista: La novela se centra en el mundo interior del protagonista, en su percepción de la realidad tal como él la percibe.
- Características del protagonista: Suele ser un artista bohemio, inadaptado, antiburgués, degradado, que busca los valores auténticos en una sociedad envilecida. Esta situación provoca rebeldías, escándalos y amoralismo. Es frecuente que los problemas lo lleven a su destrucción física o moral.
- Momentaneidad y fragmentarismo: La narración suele estar fragmentada en estampas, es decir, en la selección de momentos significativos para el protagonista.
Aparece de manera relevante la novela dramatizada o dialogal.
En los novelistas de fin de siglo resulta significativo el pesimismo que se deriva de la influencia de Schopenhauer, para quien solo se puede superar el dolor y el sufrimiento por medio de la renuncia a la voluntad de vivir y a todos los sentimientos y las pasiones del ser humano.
Autores destacados
Pío Baroja
Para Pío Baroja, la novela es un género en el que cabe todo: la reflexión filosófica o psicológica, la aventura, la crítica, el humor… Sus protagonistas, por lo general, son seres inadaptados que suelen fracasar en su lucha vital. La mayoría de sus obras se organizan en trilogías. La primera etapa se caracteriza por la variedad temática e incluye las mejores creaciones barojianas: Camino de perfección, El árbol de la ciencia y la trilogía La lucha por la vida.
Miguel de Unamuno
Para Miguel de Unamuno, la novela se convirtió en el medio idóneo para interpretar la realidad. Las novelas unamunianas se centran en el conflicto íntimo de los personajes, provocado por una estricta trabazón familiar. Renuncia a la llamada novela ovípara, creada con el procedimiento realista de acumular datos; él cree que la novela debe ser vivípara, porque debe ser creada con la técnica que refleja la vida.
Las principales novelas son Niebla, La tía Tula y San Manuel Bueno, mártir.
Azorín
Azorín, en su obra narrativa, efectuó un profundo análisis de la percepción. En este análisis influyen la filosofía, la literatura, la pintura impresionista, la fotografía, el cine, el periodismo… porque pretende captar la impresión del instante. Su principal novela es La Voluntad.
Ramón María del Valle-Inclán
Toda la obra de Ramón María del Valle-Inclán obedece al rechazo del realismo tradicional. Valle-Inclán comienza su trayectoria narrativa en el Modernismo: defendió su concepción aristocrática como expresión estética antiburguesa y reivindica la ficción, la fábula y la leyenda. Valle-Inclán introduce progresivamente innovaciones en su técnica novelística hasta culminar en su creación máxima: el esperpento.
Las principales obras son las Sonatas, escritas en forma de memorias, que representan una alegoría de la vida humana. El marqués de Bradomín funciona como hilo conductor en las cuatro novelas (Sonata de primavera, Sonata de estío, Sonata de otoño y Sonata de invierno). En la trilogía llamada La guerra carlista, el autor presenta una visión de la España tradicional (los carlistas) enfrentada a la liberal (los republicanos). Tirano Banderas es un interesante experimento de novela histórica y ofrece los rasgos del esperpento, técnica por la que se degradan personajes y acciones presentados previamente de manera elevada.
El ruedo ibérico está constituido por una serie de novelas que abarcan un período desde finales del reinado de Isabel II hasta la guerra de Cuba. La estética es también la del esperpento. El protagonista es el pueblo, sin perspectivas de futuro. El espacio es España, presentada como un coso taurino donde se presenta un espectáculo de violencia y muerte.