Literatura Española de Principios del Siglo XX: Modernismo, Generación del 98 y Teatro Innovador
La Poesía de Principios de Siglo
En los primeros años del siglo XX se publican los libros que luego serían más característicos del Modernismo español: Alma, de Manuel Machado; Soledades, de Antonio Machado; y Arias tristes, de J. R. Jiménez. A partir de aquí la poesía se aparta del prosaísmo propio de la lírica de la segunda mitad del XIX. En los últimos años de la primera década del siglo XX se siguen publicando libros modernistas, aunque ya apuntan nuevos rumbos: Poesías, de Unamuno; Soledades, galerías, otros poemas, de Antonio Machado; poemarios de Rueda, M. Machado… y la incesante producción de J. R. Jiménez: Elejías, Pastorales… Hay que señalar también un grupo de nuevos poetas que, influidos por la visión literaria del Novecentismo, ponen freno a lo sentimental y dan mayor cabida al intelecto. Su poesía es pura, desnuda. Después evolucionarán hacia las vanguardias. Entre estos cabe destacar a Juan José Domenchina o León Felipe.
Modernismo y Generación del 98
Entre Modernismo y 98 no hay una separación clara. Durante los primeros años se pueden encontrar muchas características comunes y algunos escritores incluso negaron la existencia de dos grupos diferentes. O sea, puede afirmarse que en este movimiento se dan dos orientaciones: una literatura de evasión y tendencia aristocrática (Modernismo, en sentido estricto), y otra con mayor presencia de la realidad contemporánea tratada con intención crítica (Gen. 98).
Características del Modernismo
- Es un movimiento esencialmente poético, su impulso inicial procede de Hispanoamérica debido, sobre todo, al nicaragüense Rubén Darío. En España son poetas de esta corriente Salvador Rueda, Francisco Villaespesa, Manuel Machado o el primer Juan Ramón Jiménez.
- En su léxico se produce una total renovación.
- En cuanto a figuras se da una presencia de todo tipo de símbolos e imágenes.
- En la métrica recuperan el alejandrino y componen buscando ritmos potentes y de gran musicalidad.
- En los temas priman la fantasía y la imaginación.
Características de la Generación del 98
Aunque el 98 es esencialmente una generación de prosistas, cuentan con una obra poética importante los siguientes autores, que pese a su diversidad y peculiaridad, todos ellos pretenden una renovación estética e intelectual: Unamuno es poeta tardío, al margen de modas, y que huye de la sonoridad fácil. Los temas son los mismos de su prosa: angustia existencial, la religión, el paisaje, la familia, etc. Son obras destacables El Cristo de Velázquez. En Valle-Inclán, sin embargo, su talento de dramaturgo eclipsó enseguida las manifestaciones poéticas, sobre todo de estilo modernista, de sus dos libros más conocidos: Aromas de leyenda y La pipa de Kif. Se puede apreciar en las obras de estos autores ciertas constantes en el estilo. En los temas reiteran la preocupación por España, la sensibilidad y emoción ante el paisaje, sobre todo el castellano, las reflexiones que giran en torno a lo religioso y lo existencial…, como sucede en la novela.
Figuras Clave
Rubén Darío (1867-1916)
Muchos de los motivos e innovaciones del Modernismo se deben al nicaragüense Rubén Darío, poeta revolucionario en cuya trayectoria hay dos etapas:
- Primera etapa: Corresponde a su modernismo americano. Se inicia con Azul (1888). En Prosas profanas (1896) Darío brinda el más vasto surtido de motivos, temas y fórmulas métricas de la nueva tendencia. Cisnes, princesas, mitología…
- Segunda etapa: Darío toma contacto con preocupaciones sociales y existenciales. En Cantos de vida y esperanza, “Salutación al optimista” o “Lo fatal”.
Darío transformó la lengua poética en nuestro idioma y ejerció una duradera influencia en la lírica española e hispanoamericana posterior.
Antonio Machado (1875-1939)
Fue un hombre de talante taciturno, pero comprometido con los desfavorecidos y defensor de la República. Su muerte, camino del exilio, lo convirtió en símbolo de la España liberal y progresista.
- Primera etapa: Corresponde con sus años modernistas. Son sus libros Soledades. Galerías. Otros poemas (1907), que es selección y ampliación del anterior Soledades (1903). El escritor ofrece una poesía intimista en la que dialoga consigo mismo y cuya materia es el paso del tiempo, la muerte o la ensoñación.
- Segunda etapa: Publica Campos de Castilla (1912 y 1917), donde denuncia la pobreza, incultura y atraso de España, en consonancia con el grupo del 98. También aparece la melancolía por la muerte de su mujer.
- Tercera etapa: Ocupa un lugar central el cantar popular sentencioso y la prosa ensayística. En Nuevas canciones (1924), destacan los poemillas de “Proverbios y cantares” junto con los temas de siempre: la inquietud religiosa, el tiempo, la injusticia, el relativismo…
La Novela a Principios de Siglo XX
Durante los primeros años del XX, muchos de los realistas prolongaron su labor: Galdós o Pardo Bazán publican títulos importantes bien entrado el nuevo siglo. Vicente Blasco Ibáñez escribe novelas naturalistas. Pero puede decirse que a partir de 1902 comienza una nueva novela española con la publicación de cuatro obras: Camino de perfección, de Baroja; Amor y pedagogía, de Unamuno; La voluntad, de Azorín; y Sonata de otoño, de Valle-Inclán.
Los Novelistas del 98
Dos son los asuntos principales que tratan: el tema de España y el tema existencial. Todos huyen de tópicos y persiguen “el descubrimiento del alma de España” a través de tres modos conocidos:
- El paisaje. Eligen el espíritu sobrio y austero de Castilla.
- La historia. Les interesan, no los grandes hechos, sino el ser humano anónimo en su vida cotidiana: lo que Unamuno llamaba la “intrahistoria”.
- La literatura. Buscan el ser español en los clásicos.
En cuanto a técnica narrativa, pretenden ser reformistas intentando expresar las emociones que les provoca la realidad; están a favor de un estilo sencillo y claro, pero expresivo y personal.
Fueron también excelentes novelistas Azorín y Valle-Inclán:
- José Martínez Ruiz, Azorín, con su tema predilecto que es la preocupación por el tiempo. Algunas de sus obras se acercan al ensayo: La voluntad, Castilla, Don Juan, etc.
- Valle-Inclán, por su parte, publica las Sonatas, de estilo modernista.
Los Narradores del Novecentismo
La llamada Generación del 14 fue una nueva promoción de intelectuales liberales que adoptaron una postura comprometida de reforma y transformación de España mediante una visión racional de sus problemas, un concepto elitista del arte y una concepción de la novela como género libre. Los dos novelistas más conocidos son:
- Gabriel Miró (1879-1930), cuyas obras más importantes fueron Nuestro padre San Daniel y El obispo leproso.
- Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) creó una novela preocupada esencialmente por el tema de la conciencia, con estilo elegante, de léxico rico y seleccionado junto a frases tomadas del habla popular. Destaca Belarmino y Apolonio.
Miguel de Unamuno (1864-1936)
Destaca por su carácter crítico e independiente y sus novelas son proyección de sus inquietudes personales, sobre todo filosóficas. Toda su obra se basa en la preocupación por España, el sentido de la existencia, por el conflicto o “agonía” entre Dios y el hombre.
Son temas que aparecen ya en Paz en la guerra y Amor y pedagogía, pero es Niebla (1914) la que refleja mejor las características de sus “nivolas”, como él las llamaba. Esta lucha agónica es llevada a sus últimas consecuencias en San Manuel Bueno, mártir (1933), que trata sobre un sacerdote que ha perdido la fe. La novela indaga también en el dilema entre la verdad dolorosa y la felicidad ilusoria, en el amor al prójimo y la abnegación como actitud vital.
Pío Baroja (1872-1956)
Fue el narrador puro de su generación y en sus novelas aflora su pesimismo filosófico y su visión negativa y mordaz de la vida española. Como novelista, creía en la facultad de inventiva y la capacidad para observar la realidad y describirla con detalles significativos, a través de unos personajes que anhelan la aventura y fracasan en sus acciones.
Escribió más de setenta novelas, muchas de ellas agrupadas en trilogías: (Zalacaín el aventurero); (Camino de perfección); La lucha por la vida (Destaca La busca); y La raza (El árbol de la ciencia).
El Teatro a Principios de Siglo: Valle-Inclán y García Lorca
En los últimos años del XIX varios autores consiguieron elevar el nivel literario del teatro español. Sin embargo, no dejó de ser un teatro comercial adaptado a los gustos de la mayoría del público. Dejó obras de calidad excepcional, así lo atestiguan algunas obras de Galdós, Benavente o Joaquín Dicenta, que trataron de introducir un teatro cercano al del naturalismo europeo. Así pues, en el primer tercio del siglo XX se consolidan dos tendencias: conservadora, que triunfa entre el público burgués y los empresarios; e innovadora, con nuevas tendencias y enfoques ideológicos, en la que destacan Valle-Inclán entre los del 98 y Lorca entre los del 27.
El Teatro Conservador
Se divide en 3 partes:
- El drama burgués: Lo representa sobre todo Jacinto Benavente, cuya obra El nido ajeno es una feroz crítica al lugar ocupado por la mujer de clase media. Indignó a la burguesía y fracasó comercialmente. Entonces Benavente se adaptó con otras comedias de salón menos molestas.
- El teatro poético: Escrito en verso, de estética modernista e ideología conservadora, evoca el pasado y sus valores. Destacan por ejemplo los hermanos Machado, con títulos como La Lola se va a los puertos.
- El teatro cómico: Dos géneros menores gustan al público: el sainete y la comedia costumbrista. Se sirven de personajes típicos, lenguaje humorístico y ambientes pintorescos. Destaca la tragedia grotesca de La señorita de Trevélez, caricatura de la hipocresía social; o con mayor valor Pedro Muñoz Seca, con la creación del “astracán”, piezas descabelladas que provocan la carcajada por las situaciones disparatadas.
El Teatro Innovador
- El teatro de ideas: Como vehículo de exposición y difusión de ideas y valores lo utilizaron dos escritores: M. de Unamuno, y Jacinto Grau. En El señor de Pigmalión Grau crea una fábula tragicómica sobre el poder y los peligros de la creación, en la que el “muñeco” creado acaba asesinando a su creador.
- El teatro vanguardista: Fue un rotundo fracaso. Son exponentes de esta tendencia Ramón Gómez de la Serna, Azorín o Rafael Alberti. A ellos hay que añadir las dos figuras más destacadas del teatro renovador de la época, Valle-Inclán y Lorca. Consideración aparte merece el teatro poético de Alejandro Casona, que se dio a conocer con La sirena varada y obtuvo un éxito resonante con Nuestra Natacha, donde denunciaba la represión en los reformatorios de la época. La obra más celebrada de su exilio es el drama simbólico La dama del alba.
Ramón Mª. del Valle-Inclán (1866-1936)
Su teatro supone un verdadero acto revolucionario, pues persigue una constante ruptura formal y temática. En su obra se distinguen tres etapas: Ciclo mítico, ciclo de las farsas y ciclo esperpéntico (Luces de bohemia 1920).
Federico García Lorca (1898-1936)
El grueso de su producción fue a partir de los años treinta, cuando funda el teatro universitario “La barraca”. Su teatro es poético, enfrenta dos principios: libertad y autoridad. Destacan Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba es la obra maestra, en la que un grupo de mujeres aisladas y sometidas a su madre termina con el suicidio de una de ellas.
La Literatura en el Exilio y la Novela de Posguerra
Muchos escritores en activo durante la República tuvieron que abandonar España tras la Guerra Civil. Algunos eran autores consagrados y otros apenas habían iniciado su carrera literaria. Entre los primeros sobresalen Max Aub (El laberinto mágico), Francisco Ayala (Muertes de perro), Rosa Chacel (Memorias de Leticia Valle) o Ramón J. Sender (Réquiem por un campesino español); entre los que comienzan a escribir fuera de su tierra destaca Arturo Barea (La forja de un rebelde).
La Novela de los Años 40
En los primeros años de la posguerra la vida literaria quedó reducida a la propaganda de los escritores del nuevo régimen, como Agustín de Foxá o Rafael García Serrano, que adoptaron una perspectiva triunfalista sujeta al patrón del realismo decimonónico. La represión, el hambre, la pobreza y el miedo de una sociedad vigilada por la censura del nacionalcatolicismo, encontraron un testimonio en dos novelas: La familia de Pascual Duarte, de Cela, y Nada (1945), de Carmen Laforet. Los tres novelistas más significativos del periodo son Torrente Ballester, Cela y Delibes (de estos dos últimos nos ocuparemos al final de este tema).
Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999) alcanzó al gran público con la serie televisiva inspirada en su trilogía Los gozos y las sombras, aunque su obra maestra sería La saga/fuga de J.B, que es al mismo tiempo novela fantástica, sátira, parodia y experimento literario. En sus últimos años escribió una literatura más convencional, como Filomeno a mi pesar, o Crónica del rey pasmado.
La Novela Social del Medio Siglo
Alrededor de 1950, la inmigración del campo a la ciudad y la consolidación de una clase media burguesa, originaron los primeros conflictos de clase y el nacimiento de una mala conciencia entre universitarios acomodados, que se expresó en forma de solidaridad con los desfavorecidos y, en lo literario, en una narrativa de compromiso social que adoptó dos formas: el neorrealismo y el realismo crítico. El primero dio testimonio solidario con toda forma de alienación o sufrimiento humanos. Importa lo que se dice y no cómo se dice, mediante una prosa sencilla con predominio del diálogo. La representan Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute, etc.
El segundo movimiento tiene intencionalidad política y convierte a la novela en un documento acusatorio. Emplea técnicas objetivistas, utiliza tipos sociales (el campesino, el minero…) y suele ser muy maniquea. Destacan Juan Goytisolo, Armando López Salinas, Jesús López Pacheco, Alfonso Grosso, etc. Con el tiempo, todos estos escritores pasaron de practicar un realismo testimonial a cultivar una novela antirrealista en sus muy diferentes variantes: la fantasía (Martín Gaite), el juego vanguardista con el lenguaje y las estructuras (Fernández Santos) o la invención de mundos fabulosos (Sánchez Ferlosio, Ana María Matute).
La Novela Experimental de los Sesenta
En 1962 se publicaron dos novelas revolucionarias: Tiempo de silencio, de L. Martín Santos, y La ciudad y los perros, de M. Vargas Llosa. Eran el síntoma del agotamiento del realismo social y la señal de alerta para la indagación de nuevas formas y técnicas narrativas y el regreso de una imaginación vigorosa y libre. La novela de los sesenta rechazó el realismo testimonial por ser políticamente ingenuo (los problemas no se resolvían por reflejarlos en novelas), y por estéticamente fraudulento (la revolución del escritor es la revolución en la escritura).
A partir del 62, la experimentación estructural y lingüística se compagina con el compromiso cívico o la crítica social, como ejemplifican Martín Santos (Tiempo de silencio), Juan Goytisolo (Señas de identidad, Reivindicación del conde don Julián), o Juan Benet (Volverás a Región, Herrumbrosas lanzas).
A continuación trataremos con algún detenimiento a dos de los más grandes novelistas españoles, que ocuparon con su obra prácticamente todo el periodo estudiado.