Transformación de la Narrativa Española Post-Franquismo (Décadas 70-90)
Tras la muerte de Franco, la vida cultural y literaria experimenta una considerable transformación:
- Desaparece la censura, lo que permite que se publiquen más obras y se recupere la narrativa de los autores exiliados.
- Se produce una apertura hacia la literatura extranjera.
- Se consolidan importantes grupos editoriales y de comunicación, lo que propicia la promoción de autores y obras.
- Se incorporan muchas mujeres al mercado editorial, que aportan nuevos enfoques a la literatura.
Conviven distintas generaciones de autores: los pertenecientes al realismo social (Delibes, Cela, Carmen Martín Gaite…), los experimentalistas (Juan Marsé y Juan Benet) y las nuevas generaciones de escritores que se dan a conocer (Julio Llamazares, Antonio Muñoz Molina, Juan José Millás, Rosa Montero, Soledad Puértolas), así como las que van apareciendo a lo largo del siglo XXI (Marta Sanz, Jesús Carrasco…).
En general, los autores que publican entre las décadas de los setenta y los noventa rechazan el experimentalismo último y vuelven los ojos a la tradición, recuperan muchos de sus procedimientos narrativos y evolucionan hacia formas tradicionales del relato, en las que la anécdota vuelve a cobrar gran importancia. Crean historias que conectan con los lectores. Este nuevo lector busca entretenimiento y reclama una historia bien escrita, con intriga y misterio. Además, hay un resurgimiento de los géneros considerados menores (novela policíaca, novela de aventuras).
Por otra parte, la novela se desvincula del compromiso social y político, aunque se recrean situaciones reales o cotidianas. En cuanto a los temas, los autores vuelven al intimismo, distinto del realismo de los años 50, donde ahora se incluyen la fantasía y la subjetividad en la configuración del relato. Conviven la novela ambientada en el pasado y en la visión del presente, la realidad, el relato fantástico, de aventuras, policíaco, el humor, el erotismo, la introspección psicológica, el enfoque existencial y el contenido social. Esta diversidad temática se reflejará en las diferentes tendencias narrativas.
La novela que inaugura esta nueva etapa, llamada realismo renovado, es La verdad sobre el caso Savolta (1975), de Eduardo Mendoza. Introduce recursos técnicos como la mezcla de materiales narrativos, el desorden cronológico, la parodia de otros géneros y la variedad de registros estilísticos. Tiene una compleja trama, situada en la Barcelona de los años 1920, en la que se entretejen conflictos sociales con una historia amorosa: así, se combina lo público, íntimo, social y existencial, pero visto con un enfoque distanciado. Por otro lado, su estructura es sumamente significativa: los primeros capítulos son de gran complejidad; luego, esta complejidad decrece para desembocar, en los últimos capítulos, en un relato lineal, con toques de novela policíaca o de aventuras. Otras obras de Mendoza son El misterio de la cripta embrujada (1979) y Sin noticias de Gurb (1990).
Tendencias Narrativas Comunes (70s-90s y Actualidad)
La narrativa que se desarrolla entre las décadas de los 70 y de los 90 se caracteriza por la variedad y amplitud temática, que resulta difícilmente clasificable, ya que los escritores de este periodo no siguieron una tendencia determinada, sino que tendieron a saltar de una a otra en cada libro publicado, e incluso a mezclar características de diferentes corrientes en una misma novela. De todas formas, pueden establecerse algunas tendencias narrativas más comunes, que siguen vigentes en la novela actual:
Novela de ficción metanovelesca
Se interesa por los problemas propios de la creación literaria y el proceso narrativo, el sentido de la vida y la escritura. A la vez, los protagonistas suelen ser escritores. En esta tendencia sobresalen obras como Gramática parda, de Juan García Hortelano, y buena parte de las narraciones de Enrique Vila-Matas.
Novela policíaca y de intriga
Este género da importancia a la construcción del relato, al suspense y a la intriga, y mezcla esquemas policíacos con aspectos políticos e históricos. Destacamos a Vázquez Montalbán como autor de una serie protagonizada por el detective privado Pepe Carvalho; Arturo Pérez-Reverte, con La tabla de Flandes (1990) o La Reina del Sur (2002); y La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón.
Novela histórica
Umberto Eco propicia el gusto por este género a lo largo de todo este periodo con El nombre de la rosa, como forma de escapar de la propia realidad cotidiana. Se recrean distintos episodios de la historia española, situados en diferentes épocas: la Edad Media en Urraca de Lourdes Ortiz; el siglo XVI en El hereje (1998), de Miguel Delibes; así como la saga protagonizada por el capitán Alatriste, de Pérez-Reverte, ambientada en el Siglo de Oro. Dentro de esta tendencia, la Guerra Civil es un tema importante. Se trata de obras como Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, o Soldados de Salamina, de Javier Cercas.
Novela de la reflexión íntima
Se centra en la búsqueda personal y la reflexión sobre la propia existencia. Mortal y rosa (1975), de Francisco Umbral, es una de las obras más representativas.
Novela testimonial
Tendencia de relatos realistas sobre problemas sociales, como la defensa de la condición femenina en Te trataré como a una reina (1981) de Rosa Montero.
Novela de pensamiento
Cercana al ensayo, se trata de un tipo de narrativa en la que se difuminan las fronteras entre la novela y el ensayo. Se centra sobre las preocupaciones del autor, en un tono cercano, a veces hasta autobiográfico. Un ejemplo es Negra espalda del tiempo, de Javier Marías.
Heterogeneidad y Continuidad en el Siglo XXI
Esta predisposición a la heterogeneidad se acentúa con el comienzo del siglo XXI y el aumento del mercado editorial. Los rasgos estilísticos y temáticos que se desarrollan entre las décadas de los 70 y los 90 siguen presentes en la novela actual, con algunas innovaciones, algunas de ellas relacionadas con la entrada de las nuevas tecnologías como tipos de discurso o formas de difusión. La nómina de autores de la novela actual es numerosa, pero cabe mencionar a Jesús Carrasco y Marta Sanz.
Como conclusión, la narrativa contemporánea se caracteriza por la convivencia, por un lado, de autores de generaciones distintas y, por otro lado, de novelas cuyas temáticas y técnicas son muy variadas.