Evolución de la Literatura Española: Poesía y Teatro desde 1936

Panorama Literario Español: De la Posguerra a la Actualidad

El año 1936 se produce el estallido de la Guerra Civil Española y la dictadura de Francisco Franco. La posguerra está marcada por la pobreza. Será entre los años 60 y 70 cuando el país recupere la salud económica. En 1975 da comienzo la Transición hacia el sistema monárquico democrático actual.

La Poesía en la Posguerra

La poesía sufre una gran embestida por la muerte y el exilio de algunos poetas como Antonio Machado o Federico García Lorca. Los poetas se mostrarán afines al régimen o contrarios. Dámaso Alonso llamará a la primera tendencia “poesía arraigada” y a la segunda, “poesía desarraigada”.

Poesía Arraigada

Los poetas arraigados se concentran en la llamada Generación del 36, vuelven a las formas clasicistas y actitud épica, heroica y esperanzada en contraste con la pobreza de posguerra. Luis Rosales (La casa encendida), Leopoldo Panero (La estancia vacía) y Dionisio Ridruejo (autor del “Cara al sol”) se encuadran aquí.

Poesía Desarraigada

En la poesía desarraigada, sus temas recurrentes son la muerte, las injusticias o la lucha contra el mundo. Miguel Hernández con Romancero y cancionero de ausencias, Dámaso Alonso con Los hijos de la ira son exponentes de este movimiento. Completan este panorama los poetas exiliados, como León Felipe.

Evolución Hacia el Realismo Social

A mediados de siglo la poesía existencialista desemboca en una fase de realismo social. La lírica del momento, comprometida y solidaria, es vista como una herramienta de transformación social. Con ánimo de llegar a la mayoría, poetas como Victoriano Crémer (Canto total a España), Blas de Otero (Que trata de España) o Eugenio Mora (España, pasión y vida) tienden a un estilo cercano al coloquialismo y el prosaísmo, con sintaxis sencilla y verso libre.

La Generación del 50

El enfoque social, inconformista, realista y de protesta, lo compartirán también los miembros de la Generación del 50, un grupo de poetas que continúan la preocupación por los problemas nacionales, pero enfocados de manera más lírica, sutil y sugerente que los realistas. Componen este grupo José Agustín Goytisolo (“Palabras para Julia”), José Ángel Valente, Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad), Jaime Gil de Biedma (Las personas del verbo) o Ángel González.

Los Novísimos y Tendencias Posteriores

A finales de los 60 aparecen los Novísimos, con estética vanguardista y hacen poemas preocupados por la forma que por el contenido.

A partir de 1975 coexisten distintas tendencias que buscan otras formas de expresión. La poesía de la experiencia recupera el “yo” poético, ficcionalizado, y el gusto por lo cotidiano en su temática y en su lenguaje (L. García Montero, El jardín extranjero o F. Benítez Reyes Los vanos mundos). Otras corrientes son la “poesía metafísica”, de carácter conceptual (O. García Valdés), el Neosurrealismo, que sigue con la libertad creadora e irracional del surrealismo (B. Andreu) o la “poesía entrometida” o “poesía de la conciencia”, que combina la expresión de emociones personales con los problemas de la colectividad desde un punto de vista crítico (J. Riechmann).

El Teatro Durante y Después de la Guerra Civil

En cuanto al teatro, en los años 40 el público que acude al teatro busca entretenimiento. La comedia burguesa sigue teniendo éxito, trata temas tradicionales con una suave crítica (Pemán, Luca de Tena). Además, aparece el teatro del humor que recrea situaciones inverosímiles y absurdas a través de un lenguaje muy ingenioso. Destacan Enrique Jardiel Poncela (Eloísa está debajo de un almendro) y Miguel Mihura (Tres sombreros de copa). La trayectoria de Antonio Buero Vallejo arranca en esta época con Historia de una escalera (1949), un teatro existencial y social que muestra la imposibilidad de unos vecinos por alcanzar sus sueños. Junto a él escribe A. Sastre (Escuadra hacia la muerte).

Teatro Social y Experimentación

A partir de 1955 predomina el teatro social, motivado por un nuevo público, el universitario, con temas como la injusticia social o la desigualdad. La denuncia muchas veces aparece encubierta. Buero Vallejo escribe en esta época obras inspiradas en otros momentos históricos para reflejar su mundo (El concierto de San Ovidio, Las Meninas). En la siguiente década el teatro busca renovarse a través de la experimentación. Se basa en el espectáculo, donde se da más importancia a la música, la escenografía y la mímica y menos a las palabras. F. Arrabal crea el teatro pánico con fuertes influjos surrealistas (Picnic). Buero Vallejo sigue esta línea con La fundación, drama que lleva al espectador de la mano de su protagonista, mostrándole una realidad que va cambiando a medida que el personaje recobra la cordura.

Teatro Contemporáneo

A partir de los noventa, el autor más representativo es Juan Mayorga con obras como El chico de la última fila, en las que reflexiona sobre la dominación y el abuso hacia los inocentes. En la actualidad, destacan Alberto Conejero (La piedra oscura) y Paco Becerra (El señor Ye ama los dragones) con un teatro que explora la maldad, así como Alfredo Sanzol y sus comedia amargura (Risas y destrucción).

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