Evolución de la Lírica Española: De la Posguerra a la Poesía de la Experiencia

La Lírica Española desde 1940

Culturalmente, la Guerra Civil (1936-1939) supone una violenta ruptura con los avances artísticos conseguidos hasta entonces, abortando los empeños en transformar la Literatura española con recursos técnicos renovadores y temas más representativos del siglo XX. Esto afectó especialmente a los componentes del Modernismo, la Generación del 27 y Miguel Hernández, un eslabón crucial entre la poesía anterior y posterior a la guerra.

Tras la guerra, el panorama es desolador:

  • Algunos escritores murieron (Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Federico García Lorca).
  • Muchos permanecieron en el exilio (Juan Ramón Jiménez y numerosos componentes de la Generación del 27).
  • Otros esperaron tiempos mejores en silencio, atravesando una desorientación de la que la Literatura y la poesía se irían recuperando lentamente a través de diferentes fases o etapas.

Etapas de la Lírica Española Post-Guerra

Etapa de Convalecencia

En los primeros años de la Posguerra solo se permitieron unos temas y unas técnicas sencillas, sobresaliendo la poesía arraigada, según la nomenclatura de Dámaso Alonso: una poesía de optimismo y esperanza, defensora de firmes sentimientos religiosos, centrada en la dimensión personal o íntima del individuo.

Sus máximos exponentes, al tener por modelo a Garcilaso de la Vega, son conocidos como poetas garcilasistas, conformando la Generación del 36.

Literatura Desarraigada

Durante la década de los años 40 se desarrolló, en oposición a la poesía arraigada, la poesía desarraigada, ampliada a toda una Literatura desarraigada, según la nomenclatura establecida por Dámaso Alonso: una poesía cargada de angustia y pesimismo, difusora de una preocupación existencialista, centrada en la dimensión social o colectiva del individuo.

Pertenecen a esta tendencia obras como “Hijos de la ira” de Dámaso Alonso o los poemarios con los que debutaron Blas de Otero y Gabriel Celaya, despertando cierta confianza en la recuperación de la Literatura.

Realismo Social

Desde mediados de la década de los años 50 y, sobre todo, durante la década de los años 60 se impuso el Realismo social, como una evolución de la Literatura desarraigada: de aquella angustia existencial se pasó a las preocupaciones sociales.

Contando con las influencias de la Generación del 27 y, especialmente, de Miguel Hernández, la poesía social pretendió poner al descubierto realidades sociales españolas muy concretas, a modo de documentos que pudieran servir de testimonio, protesta y denuncia.

Llevada a cabo por la Generación del medio siglo, la poesía social tomó como referencia “Historia del corazón” de Vicente Aleixandre, contando en su abundante producción con “Pido la paz y la palabra” de Blas de Otero y “Cantos iberos” de Gabriel Celaya.

Blas de Otero: Un Poeta Clave

Blas de Otero es el poeta más destacado de la Posguerra. Su obra resume la evolución de la poesía española posterior a la Guerra Civil:

  • Como exponente de la poesía desarraigada, escribió “Ángel fieramente humano” y “Redoble de conciencia” (refundidos y ampliados en un solo volumen, “Ancia”), con una poesía áspera y desgarrada, de carácter existencial, donde un Dios lejano calla ante los desconsolados gritos de súplica del poeta, que se pregunta por el sentido de la vida y las consecuencias de la guerra.
  • Este existencialismo adquirió tintes sociales en sus siguientes poemarios, encuadrados en la tendencia de la poesía social: “Pido la paz y la palabra”, “En castellano”, “Que trata de España”. Estos libros denunciaron con una expresión sencilla la falta de libertad.

Blas de Otero continuó su labor como poeta por medio de una permanente evolución, llegando, incluso, a propuestas renovadoras.

Poesía de la Experiencia

La Generación del medio siglo se amplió con otros jóvenes poetas, que partiendo de la poesía social, se propusieron una poesía más personal e intimista, iniciando la poesía de la experiencia: Jaime Gil de Biedma (“Compañeros de viaje”), Ángel González (“Áspero mundo”), José Ángel Valente, José Agustín Goytisolo.

Estos poetas trataron temas autobiográficos mediante una lengua coloquial, la ironía y las nuevas formas métricas de los versos libres (aquellos en los que, permaneciendo la rima, se prescinde de la medida silábica) y los versículos (los versos que carecen de medida silábica y de rima, consiguiéndose el ritmo poético mediante las figuras estilísticas o retóricas, como la enumeración, la repetición, el paralelismo, etc.).

En 1970 se publicó la antología “Nueve novísimos poetas españoles” que con su renovación de los recursos técnicos trató de superar las limitaciones formales de la poesía precedente.

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