El Viaje como Motivo Literario
El viaje a través de distintos espacios físicos se utiliza como un medio para explicar una nueva realidad y darla a conocer, por ejemplo, en Europa. Como se puede apreciar en diversos textos, ya desde periodos tempranos se le otorgaba al viaje a otros lugares una dimensión de crítica social. Los habitantes de ciertos espacios poseen costumbres y tradiciones propias que son valoradas a través de la mirada del viajero.
Tipos de Viaje en la Literatura
Viaje Exterior (Físico)
Consiste en el itinerario realizado por uno o más personajes a través de distintos espacios físicos, los que pueden ser lugares conocidos e identificables o desconocidos y misteriosos, incluso extraños y fantásticos. Ejemplo: John Updike, Crucero.
Viaje Interior (Espiritual y/o Intelectual o de Autoconocimiento)
Como se señaló anteriormente, el viaje a través de distintos espacios físicos puede darse de manera simultánea a un cambio interior de un personaje. En este plano, los descubrimientos más importantes no se realizan en el entorno, sino en la interioridad del ser humano. El viaje de autoconocimiento lleva al personaje a reflexionar sobre su visión del mundo, sus creencias y sus valores. Esta forma de viaje interior constituye una instancia de crecimiento personal, puesto que se cuestionan los fundamentos de la propia personalidad. El personaje, en cierta medida, se destruye para volver a construirse; en ocasiones, el proceso de autoconocimiento termina en la degradación, la angustia o la locura. Es una exploración realizada dentro de la intimidad de un personaje, considerando su vida espiritual y desarrollo intelectual. Los personajes que emprenden este tipo de viaje experimentan cambios en su forma de ver el mundo y en su propia vida. Puede derivar en una transformación interna del protagonista. Ejemplo: Rómulo Gallegos, Canaima.
Viaje Mítico
Desde el periodo clásico se presenta el viaje mítico, que se caracteriza por la presencia de un héroe que debe emprender un viaje para restablecer el equilibrio perdido de su comunidad. En este recorrido, el héroe se mueve por distintos lugares, enfrentando desafíos o pruebas que debe superar para lograr su objetivo. En este viaje no está solo, recibe la ayuda de una fuerza sobrenatural. Cuando consigue su objetivo, debe regresar. Ejemplo: El señor de los anillos, John Ronald Reuel Tolkien.
Viaje a los Infiernos
Aquí el héroe debe traspasar los límites de su mortalidad y descender al infierno en busca de algo o alguien. Se realiza de dos modos, dependiendo si se le considera como un espacio físico, tal como el descrito en mitos y textos sagrados de distintos credos, o si se le concibe como un estado mental y espiritual, del que el héroe debe rescatarse a sí mismo para salir de la decadencia y de la corrupción. Este tipo de viaje también se manifiesta en el periodo medieval, influido por la cosmovisión del cristianismo. Ejemplo: La Odisea, Homero; La divina comedia, Dante Alighieri.
Viaje a la Muerte
La muerte constituye para muchas culturas el inicio del principal viaje a lo desconocido, al lugar del que supuestamente nadie regresa. El camino hacia la muerte plantea tanto al personaje como al lector la posibilidad de enfrentarse y reflexionar sobre su propia mortalidad y, en contraste, el sentido que le ha dado a su existencia. Al igual que el viaje a los infiernos, también se manifiesta en el periodo medieval. Ejemplo: La divina comedia, Dante Alighieri.
Viaje Onírico
Este viaje interior se realiza en el plano de los sueños, es decir, su realización es a nivel inconsciente y es producto de mecanismos psíquicos que funcionan cuando la mente deja el estado de vigilia. Este tipo de viaje posee una lógica propia, distinta a la que rige el mundo natural, lo que permite que se liberen todos los deseos, miedos y fuerzas instintivas reprimidas durante la vigilia.
Evolución Histórica del Motivo del Viaje
Periodo Medieval
En el viaje a través de los espacios físicos durante el periodo medieval, el héroe ya no es un semidiós o el protegido de los dioses, sino el caballero, el modelo de virtud y encarnación de los valores de la época, plasmando la visión teocéntrica fundada en el cristianismo. Su búsqueda va orientada a recuperar o cimentar su honor y a demostrar su lealtad ante la corona a la que sirve. Así lo hizo el Cid, quien luego de ser desterrado recorrió España luchando contra los moros para ganar territorios y así recobrar su honra y el afecto del rey Alfonso. Los grandes descubrimientos que se realizaron a fines de la Edad Media llevaron a que el motivo del viaje se abordara en literatura a través de crónicas en las que se describen principalmente los territorios, hasta ese entonces desconocidos, de América y Asia. Ejemplo: Cantar de Mio Cid, Anónimo; Los cuatro viajes del almirante y su testamento, Cristóbal Colón.
Renacimiento
En el Renacimiento, el viaje adquiere una dimensión de crítica social. Los habitantes de ciertos espacios poseen costumbres y tradiciones propias que son valoradas a través de la mirada del viajero. El viaje literario, más que describir lugares exuberantes, retrata las características del personaje que deambula por distintos espacios sociales, tal como se aprecia en El Lazarillo de Tormes, en el que su pícaro protagonista atestigua formas de vida y denuncia los vicios de su época a lo largo de su recorrido como vasallo de distintos señores.
Neoclasicismo
En el Neoclásico, se utiliza esta dimensión social de los espacios físicos para confrontar las características del ser humano que se encuentra en estado natural frente a aquel que ha adquirido los vicios provenientes de la vida en la sociedad moderna. De esta forma, siguiendo los planteamientos de Jean-Jacques Rousseau, el ser humano es bueno y libre por naturaleza, pero la vida en sociedad lo corrompe y lo limita mediante reglas arbitrarias. Ese espíritu se refleja en Robinson Crusoe, donde un hombre moderno aprecia la vida de los nativos que habitan la isla donde naufragó. Otra obra, Los viajes de Gulliver, utiliza la alegoría para criticar a la sociedad inglesa de la época. Esta novela suele ser presentada como un relato infantil, cuando en realidad es una aguda crítica política y social a la Inglaterra del siglo XVIII. Los distintos lugares que visita el protagonista de la historia reflejan un estado de sociedad en conflicto: por un lado, se enfrentan los valores de una forma de vida tradicional y conservadora, que Gulliver se ve obligado a defender durante su paso por Liliput como un gigante protector; por otro lado, se denuncia la codicia de la aristocracia y las ambiciones imperialistas. Finalmente, cuando el protagonista termina sus viajes, tiene una visión utópica de la sociedad; su perspectiva del mundo ha cambiado, pues conocer otras formas de vida lo ha marcado profundamente y ya no puede readaptarse a su realidad.
Romanticismo
En el periodo romántico, que se caracteriza por la exaltación del yo y por la expresión de la interioridad, el tipo de viaje interior (incluyendo el onírico) permite explorar los sentimientos de una forma pura, no procesada mediante el prisma de la lógica y la razón.
Realismo (Siglo XIX)
En el siglo XIX, con el apogeo de las novelas de aventuras durante el Realismo, resurge el espíritu de destacar las proezas realizadas en viajes difíciles por valientes expedicionarios, al tiempo que se resalta el ambiente exótico en el que se desarrollan sus aventuras, tanto a nivel espacial como social.
Literatura Contemporánea
También es posible encontrar el viaje onírico en obras influidas por el movimiento Surrealista y en otras posteriores a este. Utilizan este motivo como una forma de manifestar que la realidad no es unívoca, sino que existen distintas formas de percibirla, apreciarla e interpretarla. Del mismo modo, plantean que la realidad no está libre del caos, del azar y de lo imprevisible. Por ejemplo, al final del cuento La noche boca arriba, queda estipulado que la realidad de la vigilia a veces puede resultar tan extraña e inquietante como la realidad del plano de los sueños.
La Estructura Arquetípica del Viaje del Héroe
En los inicios del siglo XX comenzó a tener relevancia la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, que permitió un primer acercamiento a las zonas misteriosas de la mente. Según sus planteamientos, en este espacio interior abundan una serie de imágenes, deseos y pulsiones que son reprimidas durante la vigilia o periodo de conciencia, pero que son liberadas a través del sueño. Gracias a Freud sabemos que los sueños contienen importante información en torno a nuestros anhelos y conflictos más íntimos y personales, pero que requiere ser interpretada, pues se oculta bajo el disfraz de las imágenes oníricas. Debido a lo anterior, es que entendemos que los sueños tienen un contenido latente (el significado oculto) y un contenido manifiesto.
Uno de los discípulos de Freud, Carl Gustav Jung, indagó en estas imágenes o formas que surgen del inconsciente y que se repiten en diversas manifestaciones culturales, como los mitos y los cuentos de hadas. Observó que en estas, al igual que en los sueños, su significado se encuentra bajo un disfraz, pero que el contenido manifiesto y latente es de naturaleza colectiva. A diferencia de los sueños, no son productos espontáneos, ya que sus patrones responden a la necesidad de comunicar la sabiduría popular. Según Jung, los seres humanos compartimos una serie de experiencias de orden espiritual que, a lo largo de nuestra historia, han quedado incorporadas en la memoria de la humanidad como patrones de comprensión de la realidad, denominados arquetipos. Estos se expresan mediante símbolos o imágenes arquetípicas, cuyo origen se encuentra en las mismas fuentes inconscientes de la fantasía y del sueño.
Dentro de las imágenes arquetípicas recurrentes en distintas culturas, desde la más remota antigüedad hasta estos días, destaca la figura del héroe, quien realiza un viaje enfrentándose a la adversidad (desastres naturales, designios divinos, criaturas monstruosas) y logra salir triunfante, encarnando elevados valores morales de la comunidad a la que pertenece. El mitólogo Joseph Campbell, en su libro El héroe de las mil caras, realiza un psicoanálisis del mito y distingue los pasos que se estructuran en torno a tres etapas claramente diferenciadas:
Etapa 1: La Separación (Partida)
El héroe deja el mundo conocido y seguro para internarse en la aventura, emprendiendo un viaje cuyo objetivo es restablecer el equilibrio perdido en su comunidad o en su propia vida.
- La Llamada de la Aventura: Se le presenta al héroe un desafío importante cuya superación involucra un cambio importante para sí mismo y para su entorno.
- Reticencia del Héroe o Rechazo de la Llamada: Ante la posibilidad de cambio, el héroe se muestra receloso, duda de sus condiciones o atributos y, en primera instancia, rechaza el desafío.
- La Ayuda Sobrenatural: El héroe es motivado por una figura protectora para que acepte el llamado. Recibe conocimientos, seguridad o formación.
- El Cruce del Primer Umbral: Primer paso del héroe para dejar atrás el mundo habitual e internarse en el mundo trascendente, sobrenatural o mágico.
- El Vientre de la Ballena o Paso al Reino de la Noche: Momento en que el héroe es tragado por el mundo desconocido y pareciera que hubiera muerto.
Etapa 2: La Iniciación
Proceso de purificación del héroe en el cual sufre una transformación interna que lo lleva a ser una persona más íntegra. Se enfrenta a múltiples desafíos que lo llevan a convertirse en un ser superior.
- El Camino de las Pruebas: El héroe debe enfrentarse a una serie de pruebas en las que se ve confrontado con sus enemigos y ayudado por sus aliados, lo que le permite tener un mayor conocimiento de sí mismo y del mundo. Es la fase preferida de la etapa de iniciación.
- El Encuentro con la Diosa: Representa la belleza y la bondad. El héroe debe demostrarse apto para ganar su amor.
- La Mujer como Tentación: Lo femenino se manifiesta como una desviación del camino moral alcanzado tras el encuentro con la Diosa. Resistir la tentación trae como recompensa un importante crecimiento espiritual para el héroe.
- La Reconciliación con el Padre: Logra situarse en un lugar que lo lleva a entender, empatizar y hasta tomar el lugar del padre en un orden establecido.
- Apoteosis: Momento de liberación del héroe donde deja atrás las ataduras o limitaciones de su vida anterior y es capaz de enfrentar y resolver el desafío.
- La Última Gracia: Dado que ha demostrado ser alguien valiente y virtuoso, la divinidad le concede un don que le puede ser útil tanto para sí mismo como para su pueblo.
Etapa 3: El Regreso
Tras superar el reto y alcanzar su objetivo, restablece el orden, se reintegra a la sociedad y comparte con ella los logros alcanzados en su viaje.
- La Negativa al Regreso: El héroe se siente satisfecho y cómodo en el mundo que ha conquistado, por lo cual se ve tentado a no regresar a su lugar de origen. Sin embargo, supera este deseo y regresa con su pueblo para compartir los dones adquiridos.