El Debate del Relativismo Lingüístico: Efectos Whorfianos y la Influencia del Color

EL DEBATE SOBRE EL RELATIVISMO LINGÜÍSTICO: EL COLOR COMO DOMINIO MÁS FAVORABLE Y OTROS EFECTOS WHORFIANOS

DESPUÉS DE WHORF. PRIMERAS REACCIONES

La teoría Whorfiana, al defender que “la estructura del lenguaje determina el pensamiento y la visión de la realidad y que los hablantes de lenguas distintas ordenan el mundo de forma distinta”, generó fuertes reacciones posteriores a Whorf.

Sus detractores consideraban que el Principio de Relatividad Lingüística promulgaba la falta de entendimiento entre las culturas y que en Whorf la idea de la unidad psíquica de la humanidad no quedaba muy clara.

Sin embargo, el objetivo de Whorf era mostrar la inconsistencia de la supuesta superioridad de las lenguas europeas, deshaciendo el mito de la lengua perfecta y generando de esa manera el favorecer la aceptación de la unidad psíquica de la humanidad.

Las críticas más destacadas plantearon que la relación entre lengua-pensamiento-realidad debía centrarse, a partir de entonces, entre lenguaje-pensamiento, conexión en la que el pensamiento tenía prioridad sobre el lenguaje. Los críticos fueron FEUDER, LENNENBERG (crítica de carácter metodológico y sustantivo) y MAX BLACK (crítica desde la filosofía). La crítica de Black se centra en los criptotipos, por considerarlos inverificables.

Todos ellos afirman, de forma generalizada, que ya no se puede sostener la teoría de que el lenguaje constituye y determina el pensamiento como única forma de conocimiento.

Relación entre lenguaje y cultura:

Posteriormente, las críticas se orientaron hacia la relación lengua-visión del mundo, desde el mundo de la antropología, llegando a aceptarse una relación de mutua influencia. En general, se admite más la relación entre lengua y visión del mundo que entre lenguaje y pensamiento, y más el modo de influencia que el de determinación.

¿Se deben tomar como fenómenos discretos e identificables lenguaje, pensamiento y cultura (visión del mundo) por el hecho de corresponder a dominios institucionalmente separados: Lingüística, Psicología y Antropología?

LÉVI-STRAUSS: su estructuralismo siguió el método particularista-estructuralista. Para él, el lenguaje es “producto, parte y condición” de la cultura, ya que es el modelo lógico para el conocimiento de las otras estructuras de la cultura y porque su propia estructura es de formas iguales. El lenguaje puede ser considerado como los cimientos destinados a recibir las estructuras que corresponden a la cultura en sus distintos aspectos, estructuras más complejas a veces, pero del mismo tipo que las del lenguaje.

El lenguaje es comunicación, categoría que definió en un sentido universalista y común a todas las lenguas.

Lévi-Strauss considera que el principal error de Whorf y sus discípulos fue comparar objetos de análisis que no eran de la misma naturaleza (datos lingüísticos muy elaborados y observaciones etnográficas de nivel empírico), con el riesgo de llegar a lugares comunes o a hipótesis frágiles.

EL DOMINIO MÁS FAVORABLE AL PRINCIPIO DE LA RELATIVIDAD LINGÜÍSTICA: EL COLOR

La teoría del color es un intento de ensayo empírico que quería garantizar el estatus de ciencia para la lingüística y definir el carácter de unidad para todas las lenguas ante la variada multiplicidad y diversidad lingüística.

Esta investigación ha sido enormemente fructífera y ha producido el corpus más acumulativo y más sistemático de datos sobre el problema de la relación entre lenguaje y pensamiento. Además, según BROWN, sirvió para reafirmar las tesis relativistas (influencia del lenguaje en la percepción del color) y dio un giro hacia las tesis universalistas (la percepción común del color independientemente de la lengua que se hable).

La segmentación de la experiencia como efecto primero whorfiano encontraba en el dominio del color una aplicación definitiva. Este dominio, por ser técnicamente susceptible de ser presentado como un continuum, parecía adecuado para someter a comprobación empírica el principio de la relatividad lingüística.

MAX BLACK: argumenta que el vocabulario de los colores es el caso más favorable para sostener la tesis de Whorf.

Los estudios comparativos entre muy diversas lenguas corroboran que el vocabulario es muy desigual en ellas: unas disponen de un vocabulario muy reducido y otras variablemente más amplio.

Esta teoría implica modificaciones en el programa de BOAS-SAPIR-WHORF, sobre todo la reducción de la lengua a vocabulario, al léxico, dejando fuera las categorías gramaticales y la conversión del “principio” en “hipótesis”.

Del relativismo al universalismo:

En la teoría del color, como elemento empírico justificable del principio de relatividad lingüística, los relativistas creían que había una correlación en términos de recuerdo entre el término lingüístico del color y el color mismo, es decir, que en las pruebas se recordaban mejor los colores que respondían a un término existente en la lengua que los que no lo tenían y que este recuerdo era más nítido cuando el término que definía el color era muy preciso. Es decir, que para el relativismo seguía siendo cierto que, aún en el caso del color, el lenguaje influía en el pensamiento y en la realidad.

Los universalistas, por su parte, comprobaron en las muestras de las tarjetas que los 11 colores básicos tienen en las distintas lenguas mayor consenso de identificación que los no básicos, lo que implica según ellos que existen términos universales para los colores básicos, y que por tanto indican que la captación de la realidad influye en el lenguaje, al menos en estos 11 casos.

Algunas conclusiones a las que llegaron: la extensión de los límites de los términos de color varían de unas lenguas a otras, los términos en cada estadio son definidos por los puntos focales, existe una clara correlación entre el estadio del sistema de color y el nivel de desarrollo tecnológico de una sociedad.

Puntos focales:

En las pruebas realizadas sobre el recuerdo de los colores, se comprobó que éste era más exacto sobre los puntos focales de los colores que sobre los no focales y que esto no dependía de factores lingüísticos sino de una percepción o coincidencia universal basada en la neurofisiología del color, común en la especie humana.

Con el tiempo se vio que la teoría universalista de los puntos focales tenía que ser revisada a partir de la “secuencia evolutiva” del lenguaje, atribuida al proceso de aculturación de muchos pueblos que habían asimilado a su lengua términos de otras lenguas: los nativos ya no empleaban los mismos vocablos que antes para referirse a los colores.

Esto parece decir que los vocablos de los colores pueden cambiar en función de una evolución del lenguaje, mientras que la percepción de los colores mismos permanece inalterable.

Cuestiones de método y cuestiones de secuencia evolutiva:

La explicación universalista parece definitiva, pero análisis posteriores obligan a reconsiderar las conclusiones. Se han planteado numerosas críticas metodológicas.

La reformulación conlleva una suavización de las tesis universalistas y un nuevo catálogo de estadios, reducido y contemplando categorías compuestas con varios puntos focales. La secuencia evolutiva se entiende de forma más compleja.

Las explicaciones recientes ya no atienden tanto a la neurofisiología sino más bien a la psicofísica y a la introspección, y resulta razonable suponer que aún no hay sobre la percepción del color respuestas definitivas.

El color y el relativismo cultural:

Posteriormente se vio cómo el lenguaje no es el único factor relevante en la memoria del color, sino que depende más bien del habla de una sociedad. De esta idea surgió el “relativismo cultural” afirmando que la lengua es el instrumento para organizar sus experiencias y percepciones del mundo de acuerdo a su historia cultural. Es decir, que la lengua se construye (es relativa) en función de su contexto social y cultural y que este lenguaje varía con la situación social de los propios hablantes dentro de un mismo grupo.

Puede decirse que la relatividad de la lengua se realiza dentro de un cambio histórico que avanza, y que éste se produce en la sociedad. El lenguaje cambia porque la cultura se transforma y no a la inversa.

OTROS EFECTOS WHORFIANOS

El efecto Whorfiano se refiere a que la interpretación relativista de Whorf descrita en su informe Yale se limita a aspectos del léxico y de la gramática, también afecta a la ontología social y cultural de los hablantes, al estatus que se ocupa en el seno de un pueblo: las normas gramaticales obligatorias tienen implicaciones culturales y de acción social y constituyen una hegemonía cultural particular inconsciente.

El ejemplo más claro lo vemos en el uso de los pronombres indefinidos, que determinan una situación concreta.

LA ANALOGÍA LINGÜÍSTICA Y LA APROPIACIÓN COGNITIVA

Whorf proporcionó numerosas ilustraciones del principio de la relatividad lingüística, pero no elaboró una justificación teórica de cómo el lenguaje influía en el pensamiento, al menos no explícitamente.

La base de esa justificación teórica, según LUCY, son las analogías lingüísticas.

Cada lengua hace clasificaciones y eso induce a realizar analogías lingüísticas: las clasificaciones agrupan los significados de distintos elementos y la analogía los interpreta como que son el mismo.

Tales analogías guían el comportamiento e interpretan las experiencias de la realidad.

Las analogías lingüísticas son la fórmula del condicionamiento lingüístico de la conducta, el caso en el que el lenguaje influye en la realidad y guía el comportamiento, por ejemplo, asemejar el concepto de trueno a la lluvia nos conduce a refugiarnos.

La apropiación cognitiva es el proceso por el que el lenguaje condiciona y conforma el pensamiento a partir de que el pensamiento se sirve, se apropia del lenguaje y en concreto de sus analogías, es inconsciente: en el caso anterior, asimilar los conceptos de trueno a lluvia nos hace pensar de forma inconsciente que nos mojaremos.

NUEVOS ENFOQUES DE LA RELATIVIDAD LINGÜÍSTICA

SILVERSTEIN: llega a transformar el principio de la relatividad en una declaración de la ideología del lenguaje. Toma de Whorf las herramientas analíticas para abordar la objetivización no ya como parte de la visión del mundo o de las pautas habituales de pensamiento, sino como “ideología” de los nativos sobre la forma en que su lengua sirve como sistema proposicional de representar y hablar sobre la realidad que está ahí”.

Según Silverstein, hay que intentar describir de manera sistemática las relaciones de coexistencia entre elementos del habla y elementos del contexto en el que se expresan los elementos del habla. Para lograr esto, distingue entre dos concepciones funcionalistas:

– El lenguaje es funcional en cuanto que los hablantes buscan al usarlo alcanzar objetivos o por lo menos se lo proponen así.

– El lenguaje es funcional por la distribución característica de formas particulares en ciertos contextos de uso, formas que sirven de índices lingüísticos y que apuntan diferenciadamente a configuraciones de rasgos contextuales.

La compleja argumentación de Silverstein tiene como objetivo trasladar el principio de la relatividad lingüística, no ya a las lenguas sino a las propias teorías lingüísticas.

RUMSLEY: fue más allá y trató el lenguaje dentro de una ideología dominante, como si las palabras fueran meros signos de una realidad aparte de los hablantes. Este enfoque rescata el concepto estructuralista del lenguaje como comunicación, aunque sólo desde una dimensión utilitarista: con un uso de los diversos tipos del lenguaje manipulados en la actualidad por los medios de comunicación, la propaganda política, la publicidad, etc.

Cuando la gente habla y teoriza sobre la lengua, las palabras no son simples unidades lingüísticas, sino que pertenecen a la gente, es decir, las usan con todo derecho, y están dotadas de propiedades sociales que las hacen apropiadas o inapropiadas en las diferentes circunstancias.

Rumsley se define whorfiano porque no le interesan rasgos gramaticales aislados sino complejos coordinados de ellos y sobre todo porque habla de cierto tipo de ideología que se desarrolla en conjunción con ciertos tipos de estructura.

Según él, podría ser que la estructura del lenguaje y la ideología lingüística no fueran del todo independientes una de otra ni estuvieran completamente determinadas una por otra, sino que aspectos de la estructura del lenguaje proporcionaran categorías de cierto tipo que indujeran a determinados errores de comprensión que hubieran llevado a la formación ideológica de la separación entre las palabras y las cosas, el hablar y el actuar, y como resultado de estos errores de comprensión, el sistema lingüístico podría haber ido cambiando para aproximarse más a ellas.

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