El Renacimiento: Contexto Cultural e Intelectual
El Renacimiento es un movimiento cultural que se origina en Italia en el siglo XIV y se extiende por Europa occidental hasta alcanzar su plenitud en el siglo XVI.
La literatura y el arte renacentistas están marcados por el influjo de un movimiento intelectual (el humanismo), de una nueva mentalidad (el antropocentrismo) y de una doctrina filosófica (el neoplatonismo), conceptos que estudiaremos a continuación.
El Humanismo Renacentista
El humanismo renacentista fue un movimiento intelectual que se definió a partir de dos principios fundamentales:
- La consideración de la educación y el conocimiento como instrumentos de perfeccionamiento del ser humano.
- El estudio y la asimilación de la herencia cultural grecolatina, que constituye un modelo de imitación artístico y moral.
El interés del humanismo por la Antigüedad clásica presenta diversas facetas: la recuperación, el comentario y traducción de los textos originales; la revitalización de subgéneros literarios de las letras grecolatinas (égloga, oda, epístola, diálogo) o el aprovechamiento de la mitología clásica en la literatura y las artes plásticas.
El humanismo (cuyos primeros representantes fueron las grandes figuras del Trecento literario: Dante Alighieri, Giovanni Boccaccio y Francesco Petrarca) se vio favorecido por factores como la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg a mediados del siglo XV o la llegada a Europa occidental de eruditos griegos desde Constantinopla, tras la caída de la ciudad en manos del Imperio otomano en 1453.
El Antropocentrismo
El Renacimiento trajo consigo una nueva mentalidad basada en la reivindicación de la dignidad del ser humano y de su lugar central en el cosmos. En obras como el Discurso sobre la dignidad del hombre, del italiano Pico della Mirandola, o en el Diálogo de la dignidad del hombre, del español Fernán Pérez de Oliva, se afirma la autonomía del ser humano, dueño de su propio destino, y su capacidad para conocer y dominar el mundo.
La mentalidad antropocéntrica es indisociable de ciertos fenómenos característicos del periodo: el desarrollo de la ciencia; la nueva concepción que el ser humano tiene de sí mismo, de la vida y de su relación con Dios; y las transformaciones sociales —crisis de la sociedad estamental y desarrollo de la burguesía— que tuvieron lugar en el tránsito de la Edad Media al Renacimiento.
El Desarrollo de la Ciencia
El interés por la naturaleza y la confianza en el ser humano se tradujeron en un importante impulso de la ciencia. Las disciplinas en las que se observan avances más notables fueron la astronomía (Nicolás Copérnico, Giordano Bruno, Tycho Brahe, Galileo Galilei o Johannes Kepler), la medicina (Paracelso, Miguel Servet y Andrés Vesalio) o la cartografía, impulsada por el descubrimiento de América y la apertura de nuevas rutas comerciales.
En este ámbito destaca la figura multifacética de Leonardo da Vinci (1452-1519), genial artista que realizó notables aportaciones en la anatomía, la botánica, la óptica, la ingeniería y el arte. Leonardo encarna como ningún otro la insaciable curiosidad propia de la época.
El Despertar de la Conciencia Individual
El Renacimiento descubrió el yo como protagonista de una vida propia, que se caracteriza por un mundo interior y una visión de la realidad singulares. Así lo expresan el carácter introspectivo de la poesía petrarquista y el desarrollo de un nuevo género literario, el ensayo, iniciado por Michel de Montaigne (1533-1592). Este escritor francés es el autor de Essais (Ensayos), un centenar de textos en prosa en los que presenta razonadamente su punto de vista sobre asuntos diversos.
Las Nuevas Formas de Religiosidad
El antropocentrismo del Renacimiento se opone al teocentrismo medieval: el ser humano se reconoce aún creado por la divinidad (otro gran artista italiano, Miguel Ángel Buonarroti [1475-1564], pintará la célebre imagen La Creación del hombre de la Capilla Sixtina), pero ha comenzado ya un proceso de secularización en las costumbres, la política o el arte, que alcanza hasta nuestros días.
El mundo ya no es un mero lugar de tránsito, sino un espacio en el que la felicidad es posible y deseable. Esta actitud vitalista se refleja en el tópico del carpe diem («coge el día»), incitación al disfrute del presente mientras duren la juventud y la belleza, recreado por los principales poetas de la época.
Paralelamente, se desarrolla una tentativa de renovación espiritual caracterizada por la crítica a la corrupción eclesiástica, el retorno a las fuentes y a los textos originales del cristianismo, y la búsqueda de una comunicación directa con la divinidad. En este contexto surgen la Reforma de Lutero y la Contrarreforma católica (como reacción a esta), el erasmismo —promovido por el holandés Erasmo de Rotterdam— o la poesía mística.
El Auge de la Burguesía
La nueva mentalidad antropocéntrica se desarrolla ligada a la pujanza de un nuevo grupo social: la burguesía, cuyos miembros son personas libres (no sujetas a servidumbre), dedicadas al comercio, a la banca o al ejercicio de una profesión.
El florecimiento de una rica burguesía en las ciudades Estado italianas fue un factor decisivo en el impulso del Renacimiento. Florencia, la capital de la Toscana, estuvo bajo el dominio de los Médici, cuyo mecenazgo fue determinante en el desarrollo de la cultura y las artes del periodo. Otras familias que llevaron a cabo una labor semejante fueron los Borgia en Roma, los Gonzaga en Mantua, y los d’Este en Ferrara.
Garcilaso de la Vega: Poesía Renacentista Española
Los poemas de Garcilaso de la Vega fueron publicados póstumamente, en 1543, como apéndice de los de Juan Boscán. Su obra breve supone la más importante revolución poética de la literatura española, aunque apenas incluye las siguientes composiciones:
- Treinta y ocho sonetos, más otros dos de atribución dudosa, y cuatro canciones. Estos poemas configuran, en realidad, un cancionero petrarquista que no pudo culminarse ni ordenarse debido a la prematura muerte del autor.
- La oda Ad florem Gnidi (A la flor de Gnido), escrita a imitación del poeta latino Horacio, con la que Garcilaso introduce la lira en la poesía castellana.
- Dos elegías (en tercetos encadenados) y una epístola (en endecasílabos sueltos).
- Tres églogas de ambientación pastoril.
Los Sonetos de Garcilaso
En algunos sonetos, el yo poético se identifica con personajes de la mitología. Es el caso de los sonetos XII (el emisor, quien no puede refrenar la pasión, se identifica con Faetón o Ícaro), XIII (se compara con Apolo, que, al ser rechazado por Dafne, se convierte en laurel), XV (se mide con Orfeo, capaz de alterar con su llanto el orden de la naturaleza), o XXIX (que recrea la historia de Leandro, que cada noche cruza a nado el mar Helesponto para lograr reunirse con su amada Hero). En el soneto XI las ninfas son confidentes del yo poético.
En la mayoría de los sonetos se exploran los diferentes matices de la experiencia amorosa: el dolor que causa la ausencia de la amada (VIII, XXXVIII); la voluntad de reencontrarse con ella, tras vencer todos los obstáculos (IV); el sufrimiento al recordar la felicidad perdida (X); los celos (XXX, XXXI, XXXIX); o el alivio al liberarse del yugo de la pasión (XXXIV). En algunos, además, Garcilaso explica el proceso de enamoramiento y la naturaleza del amor. Este se concibe como una comunicación entre las almas, que se lleva a cabo por medio de unos «espíritus vivos y encendidos» que van desde los ojos de la amada hasta los del enamorado (soneto VII). Así, la amada escribe o dibuja su rostro en el alma del amante, que, desde entonces, consagra su vida al amor, en el que halla el sentido de su existencia. El amor se identifica con un hábito (sonetos V y XXVII, en su doble sentido de costumbre y de prenda que porta quien profesa una fe), del que ya no podrá desembarazarse.
Lazarillo de Tormes: Origen de la Novela Moderna
Por su ambientación realista y por la construcción de un personaje complejo (un antihéroe que evoluciona a lo largo de la obra), el Lazarillo de Tormes está considerada la primera novela moderna.
Fuentes y Antecedentes del Lazarillo
En la literatura escrita en castellano, existen textos anteriores que retratan de forma realista a personajes de baja extracción social y existencia desventurada: el Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita, y, sobre todo, La Celestina, de Fernando de Rojas, y su descendencia literaria. La principal fuente de inspiración del Lazarillo de Tormes es, sin embargo, El asno de oro, del autor latino Lucio Apuleyo (siglo II d. C.). En esta obra, Lucio, un joven obsesionado por la magia, es transformado accidentalmente en asno a causa de un maleficio y cuenta, en primera persona, las miserias y los abusos que sufre al servicio de varios amos.
Fecha y Autoría del Lazarillo
Se conservan tres ediciones del Lazarillo de Tormes fechadas en 1554 en Burgos, en Amberes y en Alcalá de Henares, que proceden, seguramente, de una edición anterior. La inclusión en el párrafo final del libro de una breve referencia a la celebración de Cortes en Toledo (un suceso histórico que tuvo lugar en 1538) ha generado un debate sobre la fecha de composición de la novela. Probablemente, fue escrita hacia el año 1550, no mucho tiempo antes de su publicación. El Lazarillo de Tormes es una obra anónima, cuya autoría constituye aún hoy un enigma no resuelto. Se ha atribuido principalmente a tres candidatos: el fraile reformado Juan de Ortega, que escondería su nombre debido a la fuerte carga anticlerical de la novela; el poeta Diego Hurtado de Mendoza; o Alfonso de Valdés, miembro del círculo erasmista. Se ha especulado también con la posibilidad de que el Lazarillo sea obra de un autor de origen converso, portavoz de un resentimiento de clase, o de un humanista de espíritu escéptico. El problema de la autoría es inherente al de la interpretación de la obra, que admite, como veremos, múltiples lecturas (ver sección 4.7).
Difusión e Influencia del Lazarillo
La inclusión del Lazarillo de Tormes en el Índice de libros prohibidos promulgado por la Inquisición en 1559 entorpeció la difusión de la obra. A pesar de ello, la novela tuvo una notable repercusión, como demuestran las citas, las recreaciones posteriores y sus dos continuaciones: una anónima de 1555, y otra, de 1620, firmada por un protestante toledano llamado Juan de Luna. La obra tuvo, además, dos lectores extraordinarios, que adivinaron las posibilidades literarias que abría: Miguel de Cervantes, cuyo Quijote heredó no pocos rasgos del Lazarillo: realismo, presencia de un antihéroe, dinamismo de los personajes, pero también el tono humorístico e irónico, o el juego entre realidad y ficción.
Rasgos Característicos de la Picaresca en el Lazarillo
En el Lazarillo encontramos algunos rasgos que aparecerán, con leves variaciones, en las novelas picarescas posteriores:
- Autobiografismo: La obra está narrada en primera persona desde la perspectiva de un Lázaro ya adulto, que selecciona los sucesos más relevantes de su vida. El texto excede, así, los límites de una carta para convertirse en una autobiografía ficticia.
- Historia de un aprendizaje: Existe una relación de causalidad entre todos los sucesos narrados: uno conduce a otro hasta explicar por qué Lázaro tolera el adulterio de su mujer. Su vida es, pues, un proceso de educación o, mejor, de degradación. Las desventuras del niño Lázaro, a las que se dedica la mayor parte de la novela, modelan la personalidad del Lázaro adulto: sin conocer dichas desventuras —parece decir el protagonista a Vuestra Merced— no se pueden juzgar sus actos.
- Estado final de deshonor: A excepción de El Buscón, de Francisco de Quevedo, en las narraciones picarescas es común que el punto de partida sea la situación final de deshonor que vive el protagonista. En el caso de Lázaro, se trata del triángulo amoroso que consiente y que pretende justificar mediante la narración de toda su vida. La técnica narrativa que sustenta la obra es, por tanto, una analepsis.
Originalidad del Lazarillo de Tormes
La publicación del Lazarillo de Tormes supuso una auténtica revolución en la narrativa española y europea. La originalidad de la obra se concreta en tres aspectos: la reelaboración de motivos folclóricos y tipos reales, el juego entre la realidad y la ficción, y el empleo de la ironía.
Reelaboración de Motivos Folclóricos y Tipos Reales
Algunos personajes y episodios del Lazarillo proceden del folclore o se inspiran en la realidad española de la época. Su originalidad reside en la articulación de dichos elementos dentro de una narración coherente, donde estos motivos se singularizan y adquieren una función:
- El ciego mendicante era una figura habitual en las calles, y las riñas entre este y su mozo formaban parte de la tradición folclórica. El tiempo que pasa Lázaro con el ciego supone para él la experiencia, determinante, de la pérdida de la inocencia. Así, al recibir la burla de su amo, que lo golpea fuertemente contra un toro de piedra, Lázaro reflexiona: «Me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer». Al final del Tratado I, Lázaro abandona al ciego, tras devolverle el engaño haciéndole chocar contra un poste.
- El clérigo avaro y el predicador deshonesto, que ofrece falsas reliquias o bulas, tenían también una larga tradición literaria. El clérigo de Maqueda del Tratado II y el cura buldero del Tratado V responden, respectivamente, a estos prototipos; sin embargo, en el Lazarillo, los dos personajes se incorporan al servicio del anticlericalismo, que constituye uno de los principales ejes temáticos (ver sección 4.7) de la obra.
- El hidalgo ocioso del Tratado III es otro personaje típico de la España del siglo XVI. Amenazado por la ruina, su ocupación radica en demostrar que vive de las rentas. La originalidad, en este caso, reside en el punto de vista de Lázaro: de su mano, el lector descubre la extrema penuria del personaje, que despierta compasión y lástima; la misma que siente el propio Lázaro, que se refiere a él como «el pobre de mi amo».
El episodio del escudero deja en el protagonista un nuevo poso de aprendizaje. El hidalgo cuida la capa como su bien más preciado: «Desque fuimos entrados, quita de sobre sí su capa, y preguntando si tenía las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente, soplando un poyo que allí estaba, la puso en él». En el Tratado V, Lázaro —que ha comprendido la importancia de la apariencia— se compra, con sus primeros ahorros, una capa.
Temas e Interpretación del Lazarillo
Los tres temas fundamentales que se abordan en el Lazarillo de Tormes son el hambre, la honra y la religión. Como se ha señalado previamente (ver sección 4.1), la interpretación de la obra va unida al problema, no resuelto, de la autoría. El indudable carácter antinobiliario y anticlerical de la novela admite diversas lecturas en función de la hipótesis que se baraje respecto a quién fue su autor.
El Hambre
La situación de miseria en la que se hallaba buena parte de la sociedad en la España del siglo XVI —por otro lado, imperial y victoriosa— condenaba a la población a una lucha por la supervivencia que abocaba, en muchos casos, a la mendicidad e, incluso, a la delincuencia. Es posible que el propósito —al menos, uno de ellos— del desconocido autor del Lazarillo de Tormes fuera denunciar esta injusta y dramática situación.
La Honra
La honra está en la raíz del «caso» que da pie a la narración y constituye el tema central del Tratado III. En esta parte de la novela, el escudero se esfuerza por mantener los signos externos de su condición —criado, capa, asistencia diaria a la iglesia— para esconder su penuria. El propio Lázaro consigue ascender económica, pero no socialmente, ya que, en la España de la época, la honra y la deshonra eran hereditarias y se transmitían por vínculos de sangre. En efecto, el protagonista nace sin honra, y aunque su madre le aconseja «arrimarse a los buenos para ser uno de ellos», sigue sin honra al final de la novela, señalado públicamente como cornudo y con un oficio —el de pregonero— considerado infamante por entonces. Desde esta perspectiva, el Lazarillo de Tormes contendría la crítica tanto de una nobleza empobrecida e improductiva como de una sociedad inmovilista en la que impera una concepción superficial de la honra, que se fundaba en las apariencias, en el linaje y en la limpieza de sangre, y no en la virtud o en el mérito. Se ha querido ver en esta crítica una prueba del posible origen converso del autor, ya que ni los conversos ni sus descendientes —como es Lázaro— solían alcanzar la integración social.
La Religión
Todos los personajes que forman parte del estamento eclesiástico (el clérigo de Maqueda, el fraile de la Merced, el vendedor de bulas, el arcipreste de San Salvador) aparecen retratados negativamente en la novela. Todos estos clérigos explotan o humillan a Lázaro —niño y adulto—, son hipócritas y sus actos están motivados por la avaricia o por la lujuria.