Aventuras y desventuras de Don Quijote: Un viaje por la Mancha

Capítulo 1: Un caballero en busca de aventuras

Esta historia comenzó en un lugar de la Mancha. Allí vivía un señor al que le encantaba leer libros de caballerías. Su nombre era Alonso Quijano, conocido como un hidalgo bueno, alto y seco, de 50 años de edad.

Le gustaba tanto leer libros de caballerías que dejó de comer y de dormir. De tanto leer, se volvió tan loco que creyó ser un caballero y quiso defender a toda la buena gente. Por su gran locura, se hizo llamar Don Quijote de la Mancha. Visitó varios sitios para que lo nombraran caballero, hasta que el ventero, muy burlón, hizo como que lo proclamaba caballero. Su sobrina, muy preocupada, decía que estaba loco y pedía ayuda. El cura y el barbero fueron a la biblioteca donde Don Quijote tenía los libros, los cogieron y los tiraron al patio para quemarlos. Más tarde, tapiaron la puerta de la biblioteca para que no entrara más. Pero el plan no salió del todo bien.

Capítulo 2: Gigantes con aspas

Después de dos días, Don Quijote no encontraba el aposento donde estaban los libros de caballerías y comenzó a tocar las paredes. Entonces, la sobrina le dijo que un encantador cabalgando se había llevado todos los libros. Durante quince días, pasaba al lado del muro donde estaban los libros y suspiraba de tristeza. La sirvienta y la sobrina pretendían animarlo para quitarle la locura, pero él preparaba su segunda aventura.

Entonces salió y fue buscando un escudero. El primer vecino al que le pidió que fuera su escudero aceptó. Ese “escudero” se llamaba Sancho Panza y vivía con su esposa e hijos. Era un hombre bajo, regordete y poco inteligente. Sancho Panza, muy ilusionado, preguntó: “¿Qué tiene que hacer un escudero?”. Don Quijote le contestó: “Solo tienes que acompañarme en mis aventuras y llevar los objetos necesarios para curarme”.

Así que, a los dos o tres días, salieron en busca de aventuras. Salieron de noche sin despedirse de nadie ni decirles a dónde iban. Sancho salió de la aldea montado en un borrico y Don Quijote en su caballo.

Capítulo 3: El yelmo del barbero y la aventura de los galeotes

Sancho, cansado de las aventuras y de los palos que se llevaban, tenía ganas de volver a su aldea y de ser gobernador, pero siguió adelante. Aquella misma mañana, Don Quijote confundió un rebaño con un ejército de emperador moro. Sancho le decía que era un rebaño, pero Don Quijote seguía creyendo que era el ejército. Confundía los balidos con tambores y trompetas que sonaban en son de guerra. Les dio con la lanza a las ovejas y mató a más de siete. Los dueños del rebaño, al ver a Don Quijote, le apedrearon para que se marchara y dejara en paz a las ovejas. Don Quijote le pidió el bálsamo a Sancho. Cuando lo tomó, hizo efecto, pero Don Quijote no aguantó las ganas de vomitar y soltó una gran cantidad de aceite. No le quedaba ni un solo diente. Al anochecer encontraron un bosque, donde buscaron agua para beber y para asearse. Sonaban golpes a compás, como si estuvieran martilleando un gran hierro. Don Quijote pensaba que era un gigante martillando y dando saltos a un mismo compás. Mientras Sancho lloraba, Don Quijote le decía que no quería que derramara ninguna lágrima más, pero aun así Sancho estaba muy asustado. Cuando su amo se despistó, le ató las piernas a Rocinante, su caballo, para que no caminara solo a saltos. Don Quijote se quedó con Sancho y estuvieron toda la noche en vela de lo asustados que estaban. Sancho tuvo que hacer una parada, ya que tenía el estómago revuelto.

A la mañana siguiente, Don Quijote se levantó con muchas ganas de batallar y así hizo. Se echó a correr con su caballo, Sancho le siguió para no quedarse solo. Hasta que llegaron a una cascada donde había seis mazos de batán que eran los que daban esos golpes. Sancho se rió, y Don Quijote, de la vergüenza, agachó la cabeza. Al cabo de un rato empezó a llover y vieron que un hombre se acercaba a lomos de un asno, que llevaba algo brillante en la cabeza. Don Quijote pensaba que el yelmo que venía por el camino era el yelmo de Mambrino, un casco maravilloso que los libros decían que volvía invencible. Don Quijote amenazó al señor con darle el yelmo o moriría. Don Quijote lo cogió y se lo puso en la cabeza, mientras Sancho se reía. Por el camino se encontraron a unos presos condenados a remar en las galeras del Rey, y Sancho se lo dijo a Don Quijote. Don Quijote le dijo que su deber era liberarlos.

Capítulo 4: Don Azote en Sierra Morena

Aunque Don Quijote estaba destrozado por las piedras que le habían tirado, aun así siguió adelante. Hicieron una pequeña pausa para descansar. Cuando comenzaron a comer, Don Quijote descubrió una mochila que contenía muchas monedas de oro, un libro y ropa.

Don Quijote le pidió a Sancho Panza que le diera el libro que estaba en la mochila y que él se podía quedar con las monedas de oro por su buen trabajo. Cuando Don Quijote tuvo el libro en sus manos, observó que era de poemas y tuvo la idea de mandar a Sancho a entregarle una carta a Dulcinea. Cada vez Sancho se alejaba más a su destino y Don Quijote se puso a llorar, a arrancarse la ropa y a dar tumbos.

Una vez que Sancho Panza había llegado al pueblo, se dio cuenta de que no tenía la carta y, de repente, de la rabia gritó. El maestro Nicolás le preguntó qué pasaba y Sancho Panza le contó la larga historia que habían sufrido Don Quijote y él. El cura le dijo que recordara lo que había escrito en la carta que Don Quijote le había hecho a Dulcinea. Sancho Panza formuló la carta mal dicha, todo lo que había escrito en la carta lo dijo al revés, con lo cual la carta estuvo mal escrita.

Después de escribir la carta, el barbero y el cura, preocupados, le preguntaron a Sancho dónde estaba Don Quijote, que debía estar en su casa hasta que se le pasara la locura. Entonces Sancho fue guiando el camino, pero para que Don Quijote no supiera que eran el cura y el barbero y poder llevarlo a su casa, se disfrazaron de forma que pasaran desapercibidos.

Por el camino escucharon una voz triste y honda cantando. A los tres se les despertó la curiosidad sobre quién era, por ello se acercaron y vieron que era una chica muy linda, parecía una princesa. Esta chica se llamaba Dorotea, y estaba asustada. El barbero y el cura estuvieron haciéndole preguntas, pero Dorotea no contestaba hasta que cogió confianza y empezó a hablar y les comentó que estaba buscando a su amado.

Por la razón de que era una chica muy linda, le pidieron que se hiciera pasar por una princesa para llevar a un amigo suyo a su casa y luego ellos le ayudarían a encontrar a su amado. Todos se pusieron en busca de Don Quijote. Cuando lo encontraron, convencieron a Don Quijote de irse de aquel lugar para ayudar a la supuesta princesa a mantener su población, entonces lo llevaron a su casa.

Por el camino se encontraron a unos galeotes y, por la locura de Don Quijote, pensó que eran presos injustamente, entonces los liberó y se fueron corriendo hacia la venta donde se quedaron un día.

Capítulo 5: Don Quijote y sus demonios

Don Quijote pidió a la ventera un refugio para acostarse, ya que estaba muy cansado, pero con la condición de que luego le pagara lo que le debe.

Las personas que tenía antes a su alrededor se sentaron a comer y a hablar de la locura de Don Quijote y de los libros de caballerías. Discutieron por los libros de caballerías, ya que unos estaban en contra y otros no. El ventero y los demás corrieron al aposento, donde encontraron a Don Quijote con la espada en alto, acuchillando los cueros de vino. Cuando el ventero vio aquello roto y el suelo ensacado, se enfureció tanto que corrió hasta donde estaba Don Quijote y empezó a aporrearle en la cabeza. Mientras tanto, Sancho se puso las gafas para buscar la cabeza del gigante. Don Quijote confundió la sonata del cura con las faldas de Micomicona y se arrodilló ante él. Al final, entre el cura y el barbero consiguieron acostar a Don Quijote. Al anochecer, por el camino se oían unos cascos de caballo que anunciaban la llegada de un nuevo huésped. El ventero fue a recibirlo, él buscaba una posada. Cuando Dorotea oyó lo que buscaba, se desmayó. Era Don Fernando, al que Dorotea había buscado de pueblo en pueblo, y él, al llegar hasta su antigua amada, la tomó en sus brazos. Cuando ella oyó que él le dijo que quería casarse con él, empezó a llorar de emoción. Descubrió que la tal Micomicona no era una princesa sino una dama llamada Dorotea. Ella fue hasta Don Quijote para decírselo y que no se hiciera ilusiones. Aún así, Don Quijote seguía pensando lo mismo. Encontró al barbero al que habían arrebatado la bacía. El barbero Nicolás sabía más que nadie la locura de Don Quijote y les siguió la corriente. El barbero, burlándose, se quedó de piedra. Sancho, que había salido al patio, lo estaba viendo todo, besó las manos de su señor en señal de obediencia. Sancho sospechaba de los diablos porque al irse de la venta se despidieron de Don Fernando y la princesa como si los conociera de toda la vida.

Capítulo 6: Dulcinea en su borrica

Cuando Sancho Panza llegó de Sierra Morena, su mujer vio que había llegado con cien escudos y se puso muy contenta, pero su marido le dijo que eso solo era el principio porque pronto sería el gobernador de una ínsula. Más tarde empezaron a discutir todo lo que harían en el futuro. Mientras, Don Quijote estuvo un determinado tiempo en cama, Sancho le iba a visitar todos los días. Don Quijote tenía muchas ganas de poder volver a salir de esa cama y volver a hacer aventuras. Uno de los días en que Sancho iba a visitar a Don Quijote, llevó a un chico joven de bachiller y le entregó un libro, donde él mismo salía como personaje principal. El chico joven de bachiller prometió una segunda parte con la condición de que siempre hubiera algo que contar. Desde entonces, cuando le dieron ese libro a Don Quijote, la criada se dio cuenta de que fue un gran fallo habérselo regalado porque Don Quijote se podría volver loco de nuevo.

La sobrina y la criada de Don Quijote no le impidieron nada para volver a hacer sus aventuras. Más tarde, Don Quijote le dijo a Sancho que su siguiente aventura iba a ser en Zaragoza, pero que antes quería ir a decírselo a su amada Dulcinea y que Sancho sería el que le guiaría el camino hasta su palacio. A Sancho le rondaban en ese mismo instante muchas cosas por la cabeza, como que él no sabía dónde estaba el palacio de Dulcinea en el Toboso. Don Quijote quería llegar por la noche y darle una sorpresa por la mañana. Así fue, llegaron por la noche y le dijo a Sancho que fuera delante para guiar el camino. Sancho no tuvo más remedio que decirle a Don Quijote que nunca había ido al palacio de Dulcinea, lo cual para Don Quijote fue muy extraño porque se suponía que le había entregado la carta. Don Quijote no sabía qué hacer ya que por la noche apenas había luz para saber dónde se habitaba el castillo de su amada, pero más tarde se le ocurrió una idea. Era que Sancho fuera al Toboso a decirle a Dulcinea que está preso de su amor. Sancho cada vez más se alejaba con su borrico, hasta que encontró un árbol y allí se quedó sentado. Don Quijote se puso a hablar consigo mismo diciendo que estaba hablando con otra persona, y de repente vino Sancho con buenas noticias. A lo lejos del camino se acercaban tres mujeres montadas en sus borricos, pues Sancho tuvo la idea de decirle que allí estaba Dulcinea con sus dos doncellas, así hizo. Pero la impresión de Don Quijote no fue del todo buena, ya que decía que a su Dulcinea del Toboso le olía el aliento a ajos.

Después de ese momento ya fueron camino a Zaragoza, aun así Don Quijote se fue muy triste y pensativo.

Cuando iban de camino se encontraron a un caballero y se juntaron con él. El caballero pensaba que se había topado con un loco, pero cuando Don Quijote comenzó a hablarle de la vida, todas las dudas se le esfumaron de su cabeza. Sancho quiso hacer una pequeña parada para comprar requesones. En lo que los estaba pagando, Don Quijote gritó que fuera a donde estaba él inmediatamente para que le diera su casco. Sancho, de lo nervioso que estaba, pagó rapidísimamente los requesones y los puso en el casco de Don Quijote. Cuando Don Quijote se puso el casco, notó como algo le caía por toda la cara, sudor muy frío. Se quitó el casco y vio que los requesones estaban ahí dentro. Comenzó a gritar a Sancho como un loco, pero Sancho le echó la culpa a un tal encantador.

Volvieron a camino y vieron a lo lejos un carro de mulas que cada vez se acercaba más. Don Quijote paró el carro y vio que tenía la bandera del rey. Le preguntó al carretero qué era lo que tenía en esa jaula. Le respondió diciendo que tenía dos leones muy bravos que los llevaba para España. De repente, Don Quijote empieza a gritarle al carretero que los soltara, que iba a ser su próxima aventura, que quería batallar con los leones. Sancho y el caballero se fueron rapidísimamente no fuera a pasar algo muy grave. Los leones no querían salir y Don Quijote le ordenó al carretero que les hiciera algo para que salieran, pero no pudo hacer nada. Don Quijote se marchó con mucha alegría pensando que los leones le tenían miedo y por eso no querían salir a batallar con él. Cuando Sancho y el caballero vieron que estaba vivo, pensaron que era un golpe de milagro.

El caballero, más tarde, les llevó a su casa para que descansaran. Estuvieron allí cuatro días y en esos cuatro días el caballero estuvo observando atentamente a Don Quijote para ver qué era lo que le pasaba, pero no encontró respuesta.

Capítulo 7: El desafío, la cueva y el retablo

Este capítulo comienza con una reflexión de Don Quijote sobre cómo la muerte hace que al final todos seamos iguales.

Después de esta reflexión, Don Quijote se encuentra con el Caballero del Bosque, que dice que ha vencido a Don Quijote. Esto hace enfadar a Don Quijote, porque dice que el verdadero es él y no lo ha derrotado nadie. Por este motivo quedan para combatir al día siguiente.

En el combate salió victorioso Don Quijote y entonces se dieron cuenta de que el otro caballero era en realidad el Bachiller Sansón Carrasco que pretendía curar a Don Quijote venciéndolo. A pesar de todo, Don Quijote siguió pensando que había vencido a un caballero andante y siguió camino de Zaragoza.

De camino se encontraron con gente que estaban celebrando las bodas de un campesino llamado Camacho. Allí Don Quijote entabló conversación con un estudiante que prometió a Don Quijote llevarle a la cueva de Montesinos para que pudiese bajar al infierno. En la cueva el estudiante y Sancho Panza lo bajaron con una cuerda y lo volvieron a subir dormido al cabo de un rato. Don Quijote contó que había visto maravillas dentro de la cueva como a Carlo Magno y al Rey Arturo y a la misma Dulcinea.

Después fueron a una venta para pasar la noche. Allí se encontraron con un titiritero llamado Maese Pedro que tenía un mono que decía que era divino y que adivinó que Don Quijote era un gran caballero, aunque en realidad todo era un engaño.

Por la noche el titiritero representó la historia de una mujer que era secuestrada por unos moros y rescatada por su marido. Don Quijote creyendo que todo era realidad atacó a los muñecos y el mono asustado salió huyendo. Al final Don Quijote tuvo que pagar los destrozos y no descubrió que el titiritero era en realidad Ginés de Pasamontes, un preso que había liberado Don Quijote y a cambio lo apedreó.

Capítulo 8: El barco encantado y el caballo volador

El duque le dijo a Sancho que se preparara porque se tenían que ir ya de viaje, ya que había llegado el momento de que fuera gobernador. Don Quijote llamó a Sancho para hablar a solas con él, Sancho pensaba que le iba a echar la bronca pero no fue así, Quijote tan solo le dio muchos consejos que le servirán.

Sancho le escribió una carta a Teresa, una vez que ya se tenía que ir se despidió de todos con lágrimas en los ojos. Cuando llegó a su destino, le recibieron con muchas reverencias y con mucha alegría, le llevaron a hacer justicia y todos pensaban que iba a hacer el ridículo, en cambio con los consejos de Don Quijote les dejo con la boca abierta.

Una vez haber terminado el juicio, le llevaron a su palacio que iba a ser su casa e inmediatamente le dieron una carta del duque donde le contaba muchas cosas para meterle miedo. Enseguida le informaron que de debía ir a comer, Sancho muy impresionado cuando vio todos los manjares que tenía se le hizo la boca agua. Le habían sentado ante un personaje muy serio que se presentó como “Doctor Pedro Recio” , le dio un mal trago a Sancho diciéndole que iba a controlar su salud y que no podía probar nada de lo que había en la mesa. Sancho no tuvo otra opción que echarle para que le dejara hacer lo que él quería.

Un día, Sancho mandó a uno de sus pajes a que fuera a llevar unos recados a la aldea de Don Quijote, cuando llego pregunto por su mujer, y a continuación le dio un collar de corales y se lo puso en el cuello, también le leyó una carta que le había enviado Sancho. Teresa iba a ser gobernadora y enseguida llamó a un monaguillo para darle dos bollos a cambio de que le escribiera una carta para su marido Sancho y otra para la duquesa.

Cuando la duquesa había leído la carta, empezó a reírse ya que todo lo que estaba pasando era una farsa y Teresa tenía mucha emoción por pasearse en coche.

El poder de Sancho iba a ser desecho en dos días. En una de las noches, cuando Sancho dormía, empezaron a sonar campanas, tambores, trompetas y voces, enseguida llamaron a Sancho para que pusiera orden y luchará, pero Sancho dijo que para eso estaba su amigo Don Quijote. Había empezado la guerra y Sancho no pudo hacer nada porque todo el mundo esta peleando y le tiraban al suelo, no tuvo más remedio que escoger la cabeza y ponerse el casco para que no se hiciera daño, de repente todos los enemigos se van y gritan “HEMOS VENCIDO”, Sancho por fin se pudo levantar, se bebió un trago de vino y silenciosamente se vistió para irse a donde debía haber estado, les había dicho a la gente que estaba alrededor que el nunca había nacido para gobernar. La gente se sintió muy mal por haberle hecho lo que le habían hecho.

Mientras Don Quijote, quería ir a visitar a Sancho a su palacio, cuando iba, de repente escucho una voz, ¡Era la voz de Sancho!. Sancho se había quedado atrapado, los duques se dieron cuenta de lo que le había pasado a Sancho y le ayudaron sacando de donde estaba.

Los duques abrazaron a Sancho y le prometieron que le iban a dar un oficio que no iba a ser gobernador, pero él no aceptó y se fue con Don Quijote a el destino que le esperaba, el que siempre tenía que haber escogido.

Capítulo 9: La ínsula Barataria

A los tres días de salir de la venta se cruzaron a pie de una loma con un escuadrón de mas de doscientos aldeanos. La barca entró a toda prisa a las ruedas del molino, que iba a hacerse pedazos. Don Quijote creyó que eran fantasmas y empezó a gritar liberad al caballero si no tendréis que batallar conmigo.

Pudieron evitar que se volcara así que los aventureros acabaron en el agua. Don Quijote nadaba como un ganso pero el peso de la armadura lo arrastró hacia el fondo dos veces. Así que por no ser que los molinos saltaron al agua para rescatarlos si no los dos habrían muerto. Al salir de la barca, continuaron buscando su destino. Mientras iban caminando el destino les puso en bandeja una gran fortuna, ya que tuvieron la suerte de encontrarse con un duque y una duquesa los cuales les recibieron en su palacio con mucha cortesía. El duque estaba muy contento al recibirlos, ya que había leído anteriormente sus libros y quería conocerlos en persona, aparte quería reírse varios días a su costa. El duque les dijo a sus criados que los trataran como si fueran caballeros de verdad. Don Quijote al no saber que se estaban riendo de él se sintió halagado. En cuanto Sancho se enloqueció de contento al verse tratado mucho mejor que el Papa de Roma, además por los ricos manjares que les sirvieron en la cena. Los duques no pararon de hacerles preguntas sobre Dulcinea que se había convertido en una cebolluda labradora. Uno de esos días invitaron a Don Quijote y a Sancho a una cacería. Por el camino venía un carro, que dentro decían que había una hermosísima dama. Don Quijote de la intriga fue a mirar. Cuando el carro se debuto apareció un hombre vestido que era un mago llamado de Merlín. Al siguiente día, fueron en busca de una condesa, que le hicieron creer a Don Quijote que quería un don.

Capítulo 10: El retorno del caballero

En este capítulo Don Quijote y Sancho Panza en el que un caballero llamado Don Gerónimo está leyendo un libro sobre Don Quijote. Cuando Gerónimo descubre a Don Quijote se alegra mucho y le dice que está leyendo un libro que habla mal de Don Quijote y de su escudero.

Al día siguiente se fueron hacia Barcelona para participar en unas justas. En el camino se encontraron con unos bandoleros que les quisieron robar. Estos bandoleros estaban dirigidos por el famoso Roque Guinart que al reconocer a Don Quijote decidió protegerlo en su viaje hasta Barcelona. En el viaje Don Quijote descubrió que Roque Guinart era un bandolero noble y compasivo.

En Barcelona vieron por primera vez el mar. Allí Don Quijote se encontró con el caballero de la blanca luna que retó a Don Quijote a una pelea en la que si perdía debía dejar la caballería para siempre. Don Quijote fue derrotado y prometió que abandonaría la caballería. En realidad el caballero de la blanca luna era el bachiller Sansón Carrasco.

Don Quijote emprendió el camino de regreso. Iba derrotado y triste cuando llegaron al pueblo los recibieron el cura, el bachiller, Teresa Panza y un montón de chiquillos. Allí Don Quijote contó cómo había sido derrotado, y dijo que había decidido hacerse pastor, como en los libros de pastores, y se dedicaría a cantar a su amada.

Don Quijote cayó enfermo y acabó por recuperar la cordura.

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