Lengua Catalana y Literatura 4: Argumentación, Complementos Verbales y Novela Modernista
Resumen Teórico
Comunicación: La Argumentación: El Debate
¿Qué significa argumentar?
Si analizamos detenidamente los discursos, orales o escritos, que producimos diariamente, nos damos cuenta de que estamos constantemente argumentando: cuando intentamos convencer a alguien para que haga la compra o cuando escribimos un recurso a la Administración solicitando la retirada de una multa.
La finalidad de la argumentación es convencer al receptor de alguna cosa. Por lo tanto, argumentar es defender una idea a través de razonamientos convincentes.
Los elementos de la argumentación
Todos discutimos de manera intuitiva, pero en ocasiones no lo hacemos con los recursos adecuados y, por tanto, no logramos el objetivo: convencer.
Hay dos elementos muy importantes que debemos considerar a la hora de argumentar: el contexto y el receptor. En función de estos dos elementos tendremos que usar un tono, un registro y unos razonamientos determinados.
Teniendo en cuenta el contexto y el receptor escogeremos un tipo de argumento u otro y eso aumentará las posibilidades de éxito de nuestro discurso.
Emisor → Argumentos (razonamientos utilizados para defender la tesis) → Receptor
Tesis (idea defendida)
Objetivo
Esquema de la argumentación
Tipos de argumentos
Existen diferentes tipos de argumentos:
- Argumento de causa o efecto: relaciona el hecho con la causa que lo ha generado o con la consecuencia que provoca.
«Si hay accidentes es porque la gente corre demasiado, por lo tanto, si no dejamos que la gente corra, no habrá accidentes».
- Argumento pragmático: demuestra el hecho por su éxito o por su realización.
«Creo que es totalmente necesario, en algunos países ya se han aplicado restricciones en este sentido y se ha reducido considerablemente el número de accidentes».
- Argumento de inercia: justifica el hecho por la costumbre o la tradición.
«No perdamos el tiempo cambiando cosas que no nos llevarán a ninguna parte. Lamentablemente, la gente tiene prisa y está demasiado acostumbrada a correr. Sólo conseguiremos aumentar el número de multas, pero la velocidad y los accidentes no se reducirán.»
- Argumento de autoridad: demuestra el hecho con una voz prestigiosa o reconocida.
«Como dijo el jurista Víctor Oleguer, las restricciones que favorecen al pueblo no se discuten, sino que se imponen. Por ello, considero que este no es un tema a debatir sino directamente a legislar».
- Argumento por analogía: compara el hecho con otro.
«Este fenómeno es similar al que vivimos cuando se prohibió fumar en algunos establecimientos públicos. Al principio todo el mundo veía pegas, ahora ya no se oye hablar y todos respiramos mejor. Con esto pasará lo mismo».
- Argumento emotivo: justifica el hecho provocando la conmoción del receptor.
«El problema es que medimos cualquier fenómeno con cifras. Pero no debemos perder de vista que las 1.000 víctimas de accidentes de tráfico tienen, o tenían, un nombre, una familia que les esperaba. Por tanto, no hablamos de 1.000 sino de muchas más víctimas».
El debate
La esencia de un debate es la argumentación. En un debate encontramos una serie de emisores/receptores que defienden tesis opuestas mediante una serie de argumentos.
Además, hay un moderador, que tiene la obligación de establecer el comienzo y el final del debate y hacer explícitas las normas con que se desarrollará. También debe hacer que los participantes se ajusten al tema del debate, debe repartir equitativamente los turnos de palabra y debe hacer cumplir las normas. Finalmente, debe velar porque se mantenga el orden y el respeto y la buena educación durante el debate y tiene que retirar la palabra a las personas que no respeten las normas establecidas.
Reflexión Gramatical: Los Complementos Verbales
El Atributo
El atributo es un complemento de los verbos que llamamos copulativos (ser, estar, parecer). Aparece siempre en un sintagma ubicado detrás del verbo.
Expresa una cualidad o una característica del sujeto, con el que concuerda en género y número.
Mi hija es bajita [Atr]
Mi hijo es bajito [Atr]
Mis hijos son bajitos [Atr]
Mis hijas son bajitas [Atr]
El atributo puede ser un sintagma adjetival (SAdj), un sintagma nominal (SN), o bien un sintagma preposicional (SPrep).
Laia estaba triste [Atr]
Cuando era pequeña, Laia era una chica muy alegre [SN]
Yo soy de Reus [SPrep]
Los Complementos Circunstanciales
El complemento circunstancial (CC) es un complemento verbal que expresa las circunstancias en que tiene lugar la acción del verbo. Como hay diversas circunstancias, hay más de un tipo de complemento circunstancial.
Si te fijas, verás que responde a las preguntas de los interrogativos dónde, cuándo, cómo, con qué, con quién, cuánto, etc.
El CC puede ser un adverbio (o dos adverbios), un sintagma nominal o un sintagma preposicional.
Laia canta muy bien [Adv]
Normalmente, ella va a la escuela con una vecina [SPrep]
Un día la vi con un chico [SN]
Aquí tienes una clasificación de los principales tipos de complementos circunstanciales:
- CC de lugar: explica dónde tiene lugar la acción del verbo. Por lo tanto, responde a la pregunta ¿dónde?
Por la mañana, Laia fue a la escuela [CCL]
Vivimos muy lejos [CCL]
- CC de tiempo: explica cuándo tiene lugar la acción del verbo. Responde a la pregunta ¿cuándo?
Por la mañana, Laia fue a la escuela [CCT]
Ese día llovió mucho [CCT]
- CC de modo: explica cómo tiene lugar la acción del verbo. Responde a la pregunta ¿cómo?, ¿de qué manera?
Laia canta muy bien [CCM]
Caminaba rápidamente [CCM]
Me contestaba con brusquedad [CCM]
- CC de cantidad: explica en qué cantidad tiene lugar la acción del verbo. Responde a la pregunta ¿cuánto?
Ese día llovió mucho [CCQ]
No comía mucho [CCQ]
- CC de compañía: cuenta con quién tiene lugar la acción del verbo. Responde a la pregunta ¿con quién?
Normalmente, ella va a la escuela con una vecina [CCC]
Sale con un chico muy extraño [CCC]
- CC de instrumento: cuenta con qué tiene lugar la acción del verbo. Responde a la pregunta ¿con qué?
Me hice daño con un cuchillo [CCI]
Escribe con un bolígrafo de color lila [CCI]
El Complemento Predicativo
Es un complemento verbal de los verbos predicativos que expresa una cualidad o una característica del sujeto o del complemento directo (CD). Además, concuerda en género y número con el sujeto o con el CD.
Laia siempre llevaba la ropa limpia [CD] [CPred]
La palabra limpia complementa el verbo llevaba y a la vez expresa una cualidad de la palabra ropa, que es el CD. Además, concuerda con este CD.
Mi marido vive solo [Subj] [CPred]
La palabra solo es un complemento del verbo vivo, pero también expresa una característica del sujeto mi marido, al tiempo que concuerda con él.
Por sus características se asemeja al atributo, pero recuerda que el complemento predicativo no puede ser nunca un complemento de los verbos copulativos.
Cuidado, porque también lo podrías confundir con un complemento circunstancial.
El complemento predicativo es un adjetivo (o un SAdj) o un participio:
Mi marido vive solo [Adj]
Trabajo cansada todo el día [Participio]
Literatura: La Novela Modernista
El descendiente del modelo realista-naturalista
La novela modernista catalana busca un nuevo estilo narrativo, una nueva forma de escritura, diferente de la del modelo realista.
Esto se ve muy claro en la novela Los Baches Salvajes, de Raimon Casellas, que fue la primera novela modernista en Cataluña:
Al verse enterrado en el fondo del hoyo, el pobre rector sentía frío en las entrañas y le cogía un temor que los peñascos que le rodeaban se le decantaran encima. Cerrado, enrollado por todos lados, hacía como si por instinto buscara con los ojos un lugar por donde huir, o al menos poder extender la mirada. Pero era en vano, todo era en vano… Allí no había hueco ni respiradero para explayarse la vista libremente… allí estaba todo tapado, cubierto, amurallado… allí no se conocía lo lejano fuera del hoyo… allí no se sabía qué quería decir horizontes… y se había de alzar la cabeza arriba para poder contemplar el cielo entre el aro de muelas y cimas.
Raimon Casellas, Narrativa, Edicions 62, Barcelona, 1993.
La diferencia entre los escritores modernistas y los realistas radica en la nueva misión que atribuyen al artista: el escritor modernista ya no ha de observar la realidad e imitarla, sino que debe descubrir la vida interior que se esconde detrás.
Por ello, el artista modernista describe la realidad a través de una emoción. Percibe lo que hay más allá y nos descubre su misterio con toda su intensidad.
Los modernistas no se inspiran en la realidad objetiva sino en la emoción vivida. Los escritores realistas dirigen sus ojos a la realidad externa, los modernistas, en cambio, miran hacia adentro. En este sentido, el Modernismo tiene fuertes conexiones con el Romanticismo.
La novela rural o simbólica
La novela rural o simbólica, nombre que toma la novela modernista en Cataluña, se caracteriza por unos personajes singulares y un lenguaje sugeridor y extraño. En este tipo de novelas, la descripción no es objetiva sino que se expresa desde el punto de vista del personaje y con elementos que se convierten en símbolos. Por eso es un tipo de novela simbólica.
La novela modernista catalana también se denomina rural porque transcurre en el campo, sobre todo en la montaña.
La importancia de la música y la pintura
La literatura modernista está muy relacionada con la música y la pintura. Esto forma parte de la renovación del lenguaje narrativo: desaparecen las fronteras tradicionales entre la prosa y la poesía, y aparecen géneros intermedios.
En muchos de los novelistas catalanes se les descubrieron aficiones artísticas: Casellas era crítico de arte, y Caterina Albert y Prudenci Bertrana dibujaban y pintaban. Sus novelas son, pues, de una gran plasticidad.
Este fragmento de Soledad, una novela muy poética, de Caterina Albert, es casi como un poema en prosa.
En efecto, bajo ese cielo de un azul purísimo y dulce de virgen, la colina, matizada de verdes primaverales, repleta de casetas rubias y ceñida por el lado de la glasa del plano rosado, tenía más apariencia de fantasía mágica de pintor luminista que de lo real y verdadero.
Caterina Albert, Soledad, Edicions 62, Barcelona, 2008.
Los personajes simbólicos
El personaje principal de las novelas modernistas se enfrenta inútilmente con su entorno geográfico y social, y deberá expresar sus conflictos interiores. Los personajes de estas novelas suelen ser el arquetipo del héroe modernista.
Mossèn Lázaro, el cura de Los Baches Salvajes, o Cayetano, el pastor de Soledad que explica cuentos, son dos de estos personajes. Inteligentes y sensibles, intentan cambiar su sociedad pero todo es inútil y acaban fracasando ante la naturaleza o el entorno social.
Los personajes femeninos
Un personaje típico de la novela modernista es el de la femme fatale, una mujer que simboliza las fuerzas ocultas, el instinto, el erotismo, las pasiones, la sensualidad y, a menudo, el daño o la perdición. En Los Baches Salvajes, por ejemplo, Casellas crea el personaje de la Ramera, la prostituta que tienta a Mossèn Lázaro. En Josafat, de Bertrana, la Fofita es la mujer que llevará a la perdición al pobre campanero.
Aquello era la tentación eterna de todo Montmany. De día, en la soledad de los sombríos bosques, jóvenes y viejos no pensaban otra cosa. De noche, en el silencio de las cámaras llenas de tinieblas, todos los hombres se revolcaban por el lecho soñando con aquella mujer. Ni un instante, por reposo, se les apartaba del pensamiento la extraña imagen de la Ramera, con aquellos cabellos rojos como cobre, con aquellas carnes blancas como requesón, con esa piel llantiosa como espolvoreada de bollo dorado. Cosa de brujas les parecía que ni el sol ni la serena hubieran curtido aquella cara, aquel cuello y los brazos, como se han curtido los de todos. Pero, ¡era tan estrambótica en todo, aquella mujer del demonio!… […] ¡Tenía una mirada, una risa, un gesto, una especie de cosa de todos los diablos del infierno, que no tenían las otras mujeres de los baches!
Raimon Casellas, Narrativa, Edicions 62, Barcelona, 1993.
Un escenario sugeridor
El espacio de las novelas modernistas es un ambiente sugerente, misterioso, donde destaca la descripción de paisajes y situaciones dramáticas, intensas e incluso agobiantes. El paisaje debe reflejar los conflictos y las luchas de los personajes, y es por este motivo que los escritores utilizan un lenguaje sorprendente, que provoca una fuerte impresión.
Por otro lado, a los paisajes de estas novelas a menudo se les atribuyen características humanas. Por eso se denominan paisajes antropomórficos. En Soledad, una novela de Víctor Catalán, la montaña y la Mila son las protagonistas:
Quien estuvo a punto de caer y rodar montaña abajo fue la misma Mila; de una virada en redondo habían dado la espalda al norte, y de repente la tierra se fundió de todas partes y el cielo cayó como un telón de boca hasta los pies de la mujer. […] Acababa de parecerle a la Mila que si daba un paso más, desaparecería el declive encorvado, en que límite jaras y romeros erizaban sus ramas oscuras como púas de una pinta espesa vista contra luz. ¿Dónde estaba el resto de la montaña? ¿Dónde el mundo de los hombres? El espacio se les había absorbido, y parecía chupar también la idea de su existencia esa escasez de elementos visibles que quedaban: el abismo de luz al fondo, esmotxat por el borde roquizo donde estaban clavados el hombre y la mujer. Una sensación de deslliurança, de vacío nunca sentida, limpió en ella este completamente.
Víctor Catalán, Soledad, Edicions 62, Barcelona, 2008.
Víctor Catalán (1869-1966): La vida
Víctor Catalán es el seudónimo de Caterina Albert, una escritora que firmaba con un nombre masculino para evitar el escándalo que causaban sus obras cuando se sabía que habían sido escritas por una mujer.
Caterina Albert pertenecía a una familia de ricos terratenientes y, aunque fue poco a la escuela, consiguió una formación especial gracias al ambiente culto y refinado que se respiraba en su casa. Catalán (un seudónimo fuerza simbólico) recibió clases de pintura y escultura, pero en cuanto a la literatura tuvo una formación completamente autodidacta. Leía muchas novelas de folletín y las obras de los grandes escritores realistas, sobre todo franceses y rusos. Fue muy importante, también, su amistad con Joan Maragall y Narcís Oller.
Soledad: argumento de la novela
La Mila, una chica sensible y extrovertida, inicia el ascenso en una montaña agreste y solitaria con Matías, el hombre con quien acaba de contraer matrimonio, que es apático y vago, y ha aceptado un trabajo en una ermita.
Entonces aparece Cayetano, un pastor amable que tiene todas las cualidades que le faltan a su marido. En la montaña, la Mila también conoce a l’Ànima, un cazador de aspecto monstruoso.
La Mila se encuentra en medio de esta lucha entre Cayetano, símbolo de la bondad, y l’Ànima, que representa el mal y la violencia. Es una lucha simbólica entre la naturaleza benefactora y las fuerzas destructoras.
El pastor, Cayetano, resbala y cae montaña abajo: l’Ànima lo ha matado. Finalmente, la Mila abandona a su marido y la ermita. Su descenso de la montaña simboliza la libertad y la madurez.
Este es el último fragmento de la novela, en el que la Mila se despide de su marido:
Ahora, ya te lo debes pensar… ¡Yo, ahí dentro, nunca más…! Pero no he querido irme sin decírtelo…
El rostro cadavérico de él se desencaja absolutamente bajo la acción de aquellas nuevas palabras.
¡Qué! murmuró con una voz aterrada. ¿Te quieres ir? ¿Dónde…?
[…] ¡No sé… Que Dios querrá… Tan lejos de aquí como pueda!
Entonces él, como l’Ànima horas atrás, se tambalea de pies a cabeza, mismo que sorprendido por el embate de una tormenta inesperada. Por un momento, pareció vacilar, como si quisiera rebelarse o suplicar, pero, de repente, los espíritus le faltaron y se sometió sin protesta, bajando la cabeza […]
[…] ¡Nunca más…! No pruebes a seguirme… ¡Te… mataría!
Y resuelta, se le miró fijamente, como queriendo hacerle penetrar hasta el alma la terrible amenaza. Después bajó lentamente del Regatell y sin añadir otra palabra, sin tumbar la cara, sin nada más que la ropa de la espalda, la mujer, hética y grave, con el ningún derecho y los ojos sombríos, emprendió sola el descenso.
Caterina Albert, Soledad, Edicions 62, Barcelona, 2008.
Temas de Soledad
La Mila es una heroína que bien podría equipararse a Emma Bovary de Flaubert o a Anna Karenina de Tolstoi. Estos personajes, abocados sin remedio a la marginación social y al sufrimiento, luchan por encontrar la felicidad, pero su entorno físico y social es tan opresor que se les hace imposible superar esta situación.
El tema de la novela se desarrolla alrededor del conflicto interior de la Mila que, insatisfecha de su vida, inicia un proceso de crecimiento personal para romper con las convenciones de su entorno. La soledad es el gran tema, de aquí viene el título de la novela. Sin embargo, ella busca el coraje para poder continuar. Su trayecto vital y espiritual da unidad a toda la obra.
La novela se publicó en folletos en la revista Juventud. Después, todos los folletos encuadernados dieron lugar a la primera edición.
Otros escritores del Modernismo Catalán: Raimon Casellas y Prudenci Bertrana
Raimon Casellas (1855-1910)
Era barcelonés, pero su novela Los Baches Salvajes (la primera novela modernista) también se sitúa en la montaña. Y también se publicó como un conjunto de cuentos en la prensa, concretamente en La Veu de Catalunya.
Casellas fue una de las figuras más determinantes para la consolidación de la estética modernista en Cataluña. Antes de escribir Los Baches Salvajes, había destacado como crítico de arte y periodista en publicaciones como L’Avenç, La Vanguardia y La Veu de Catalunya, en las que defendió y difundió tendencias artísticas que había descubierto en París, centro cultural e intelectual del momento, en un viaje con el pintor Ramón Casas y el también pintor y escritor Santiago Rusiñol, en el año 1893.
Aunque el éxito y la notable influencia de la obra Los Baches Salvajes (1901), Casellas no volvió a escribir otra novela y, hasta su muerte y aparte de sus escritos sobre arte, sólo publicó dos volúmenes de relatos, género muy cultivado por los modernistas, titulados Las Multitudes (1906) y Libro de Historia (1909).
Santiago Rusiñol (1861-1931)
Rusiñol fue uno de los personajes más fascinantes, divertidos, imprevisibles y polifacéticos del Modernismo y uno de los más populares, tanto por su agitada vida como por su vertiente de agitador cultural y artista total, aunque su máxima vocación y pasión siempre fue la pintura. De hecho, Rusiñol se pudo dedicar a las letras y al arte porque pertenecía a una familia burguesa de ricos industriales del textil. De joven fue a París a aprender a pintar y a interesarse por las nuevas tendencias artísticas e intelectuales que se incubaban en la capital francesa. La recopilación de las crónicas periodísticas de estas experiencias constituyeron su primer libro, Cartas desde el Molino (1890-1892).
Rusiñol continuó su labor de articulista, comenzó a hacer traducciones, y organizó las primeras Fiestas Modernistas de Sitges (entre el 1892 y 1897). En su obra literaria temprana (Yendo por el mundo, de 1896; Oraciones, de 1897 o Hojas de la vida, de 1898) mostró su preferencia por el Simbolismo y el Decadentismo y por la síntesis de géneros, y se convirtió en un dramaturgo popular. Con todo, su obra más conocida fue la novela titulada L’Auca del senyor Esteve (1907), posteriormente reconstruida y adaptada para el teatro y estrenada en 1917. La novela narra, de manera simbólica, el habitual conflicto modernista entre artista y la sociedad, en tres partes. En la primera se explica la vida de l’Estevet, hijo del propietario de la tienda de hilos La Puntual, el señor Ramón, desde su nacimiento hasta su boda. En la segunda parte se narran las peripecias de los primeros años del matrimonio, el nacimiento de su primer hijo, en Ramonet. Finalmente, en la tercera parte, se narra el enfrentamiento entre Ramonet y su padre. Ramonet rompe la armonía familiar cuando decide ser escultor y no seguir la tradición familiar en la tienda.
Sin el eco que obtuvo L’Auca del senyor Esteve, Rusiñol continuó cultivando el género novelístico en obras en que, básicamente, se dedicaba a criticar el Noucentisme, como El catalán de La Mancha (1914), La Niña Gorda (1917) o En Josepet de Sant Celoni (1918).
Prudenci Bertrana (1867-1941)
Como muchos otros representantes del Modernismo, Bertrana fue un hombre con varias inquietudes: intentó ser pintor, trabajó como periodista y destacó, sobre todo, como escritor. Comenzó a publicar muy joven (la primera obra fue la novela titulada Violeta, de 1899). Con todo, no se empezó a hacer un nombre hasta Josafat (1906), una novela breve, en la que un campanero débil, aislado y, en determinados aspectos, bestial, es movido al asesinato por la imposibilidad de controlar sus impulsos eróticos y sus sentimientos hacia una prostituta, Fofita, con la que mantenía una relación.
Poco tiempo después publicó otra novela titulada Náufragos (1907) y, luego, varios libros de cuentos como Los Héroes (1920) o Mi amigo Pellini y otros cuentos (1923).
Durante los últimos años de su vida se dedicó a la elaboración de una trilogía autobiográfica, titulada Entre la tierra y las nubes, que consta de los volúmenes siguientes: L’Hereu (1931), El vagabundo (1933) y L’impenitent (1948).
Joaquim Ruyra (1858-1939)
Aunque estudió derecho, pronto se sintió atraído por la escritura. Destacó como autor de narraciones breves como las recogidas en el volumen titulado Quijote (1903).
Más tarde publicó dos volúmenes de narraciones, La parada (1919) y Entre llamas (1928), con un tono marcadamente cristiano y cercanas al Novecentismo.