Panorama de la Literatura Española: Poesía, Novela y Teatro (1939-2000)

La Poesía Española desde 1939 hasta Finales del Siglo XX: Tendencias, Autores y Obras Más Representativas

Acabada la Guerra Civil, surgen dos tendencias en la poesía española de los años cuarenta:

Poesía Arraigada

Representada por partidarios del bando vencedor, cultivan una literatura formalista y ajena a las preocupaciones políticas y sociales. Se dieron a conocer a través de las revistas Garcilaso y Escorial. Entre los principales autores de este grupo figuran José García Nieto, Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero y Luis Rosales. A finales de la década se publica La casa encendida (1949), poemario muy apreciable y de tono más oscuro que su obra anterior.

Poesía Desarraigada

Parte de Hijos de la ira (1944), de Dámaso Alonso. Venciendo las limitaciones de la censura, algunos poetas expresaron una situación más penosa y pesimista que la expresada por los poetas arraigados. Fue el caso de las composiciones que aparecían en la revista leonesa Espadaña, fundada por Victoriano Crémer y Eugenio G. De Nora. Hacia finales de la década, de esta poesía desarraigada surge la corriente existencialista de José Hierro o los primeros títulos de Blas de Otero.

Poesía Social

Apareció en los años cincuenta, tiene como principales autores a Blas de Otero y a Gabriel Celaya. Ambos aspiraban a cambiar la sociedad con sus poemas. En obras como Pido la paz y la palabra (1955), de Blas de Otero, aparece una continua denuncia de las injusticias sociales, de la falta de libertades y de la situación de los trabajadores.

Generación del 50

Es un grupo de poetas nacidos en torno a 1930 quienes aspiran a renovar la poesía sin renunciar a la denuncia política. Alguna obra destacada es Moralidades (1966), de Jaime Gil de Biedma (1966), de autocrítica. Además de Gil de Biedma, pertenecen a esta generación, entre otros, Ángel González, Claudio Rodríguez, José Manuel Caballero Bonald, José Ángel Valente o Carlos Barral.

Los Novísimos

En 1970, la publicación Nueve novísimos poetas españoles de José María Castellet, dio a conocer a una serie de poetas (Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, Ana María Moix, Leopoldo María Panero o Manuel Vázquez Montalbán, entre otros) quienes introducen la cultura popular –el cine, el cómic, el rock, etc.-, cultivan un intenso culturalismo, buscan formas depuradas de expresión y utilizan como principales referencias a autores extranjeros a los que leen en sus lenguas respectivas.

Poesía de Finales del Siglo XX

La poesía española de las últimas décadas del siglo XX se caracteriza por la proliferación de tendencias y de autores y, pueden distinguirse dos corrientes principales: la del silencio (reflexiva, filosófica, intelectual), representada por autores como Andrés Sánchez Robayna u Olvido García Valdés, y la de la experiencia (realista, inspirada en la vida cotidiana, a menudo emplea un lenguaje coloquial), en la que destacan Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes o Carlos Marzal.

La Novela Española entre 1939 y 1974: Tendencias, Autores y Obras Más Representativas

La guerra civil supuso una ruptura en la vida cultural española. Las nuevas condiciones políticas afectaron de forma absoluta a la producción literaria. La fuerte censura, la prohibición y el exilio de escritores como Sender, Max Aub y Francisco Ayala ayudaron con la ruptura de la narrativa. Durante los años cuarenta se cultiva una novela realista. Los títulos más destacados son:

  • La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela. Inauguró el tremendismo, corriente caracterizada por la presentación sistemática de los aspectos más desagradables de la realidad. Narrada en primera persona por un hombre a punto de ser ejecutado, desarrolla la vida de Pascual Duarte.
  • Nada (1945), de Carmen Laforet, obra que presenta a una joven que se instala en Barcelona para comenzar sus estudios universitarios. Vive en casa de sus tíos, personajes desquiciados a los que, seguramente, la guerra ha trastocado.

Durante los años cincuenta se produce un cierto relajamiento de la represión política y de la censura, lo que permitió que tras cinco años de espera se pudiera publicar La colmena, de Camilo José Cela. La obra presenta una visión desoladora de la realidad contemporánea, en la que dominan la miseria económica y moral. Los novelistas de la generación del 50 cultivaron el realismo social, cuyo propósito era denunciar tanto la inmoralidad de las clases burguesas como las duras condiciones de vida de los trabajadores. La novela más característica de este periodo es El Jarama (1955), de Rafael Sánchez Ferlosio, máximo representante del objetivismo, técnica que consiste en la reproducción de los diálogos de los personajes sin aparente intervención del narrador.

El final del realismo social se produjo en los años 60 se podría decir que a partir de la publicación de Tiempo de silencio (1962), de Luis Martín Santos. Obra de gran complejidad lingüística y estructural pretende convertirse en un arma literaria. El uso magistral del monólogo interior, así como de otras técnicas como el estilo indirecto libre o los diálogos intercalados en los monólogos fue beneficioso para la literatura.

Otras títulos importantes de la renovación estética fueron Cinco horas con Mario (1966), de Miguel Delibes, Señas de identidad (1966), de Juan Goytisolo, Últimas tardes con Teresa (1966), de Juan Marsé, Volverás a Región (1968), de Juan Benet.

La renovación estética desembocó en el experimentalismo, que propició novelas como Oficio de tinieblas 5, de Camilo José Cela. La vuelta a los cauces tradicionales, aunque sin olvidar la renovación estética, se produjo a partir de la última obra maestra del periodo que nos ocupa: La verdad sobre el caso Savolta (1975), de Eduardo Mendoza.

Por último, nombrar a los novecentistas exiliados desatancando a Sender y Francisco Ayala. También destacar la obra Réquiem por un campesino español (1947), de Sender.

El Teatro Español entre 1900 y 1939: Tendencias, Autores y Obras Más Representativas

Podemos distinguir dos tendencias en el teatro de este periodo:

Teatro Conservador

Se plegó a los gustos del público burgués sin intentar innovaciones estéticas. Dentro de la corriente de la alta comedia, destacó Jacinto Benavente (1866-1954) con sus dramas alejados de cualquier crítica social, como La malquerida, y Los intereses creados. El teatro cómico tuvo como mayor figura a Carlos Arniches (1866-1943), que recreó el tipismo madrileño su mejor obra, La señorita de Trevélez, presenta perfiles más amargos y desolados. Otras figuras de cierto relieve en esta corriente fueron Pedro Muñoz Seca, creador del astracán –caracterizado por la tendencia al chiste fácil y a los argumentos disparatados- y autor de La venganza de don Mendo, y los hermanos Álvarez Quintero, que se valieron de los tópicos andaluces para escribir un teatro de nula intención social. Por último, el teatro poético ensalzó las gestas del pasado medieval e imperial español en obras como En Flandes se ha puesto el sol, de Eduardo Marquina.

Teatro Renovador

Es el que mejor ha resistido el paso del tiempo y el que dio las dos grandes figuras del teatro español contemporáneo:

Valle Inclán (1866-1936)

Tras algunas piezas modernistas, emprendió el camino de la renovación con su ciclo mítico con las Comedias bárbaras. También en el medio rural se desarrolla Divinas palabras 1920. Respecto a las Comedias bárbaras se acentúan la crueldad, el sarcasmo y la sátira, por lo que supone un paso decisivo hacia la creación del esperpento lo que conllevará a “luces de bohemia”. La imagen que se ofrece de la sociedad española de la época es monstruosa y muy crítica, la de un país corrupto e inculto que no premia la inteligencia sino la trampa y la chabacanería. Escrita con un lenguaje muy rico y variado, deforma la realidad de manera grotesca y deja una fuerte impresión de pesimismo La técnica del esperpento se prolongó en los tres títulos que integran Martes de carnaval.

Federico García Lorca (1898-1936)

Compuso un teatro simbólico y poético en el que destacan títulos como Bodas de sangre, Yerma, Doña Rosita la soltera y La casa de Bernarda Alba, todas ellas de los años 30. En las obras de Lorca se enfrentan dos fuerzas antagónicas: la autoridad y la libertad. Al final, sus personajes son víctimas de la colectividad y de los prejuicios de una sociedad conservadora. La casa de Bernarda Alba, su obra maestra, que se estrenó en España 1964, se desarrolla en el asfixiante clima de una Andalucía tradicional. Tanto el protagonismo femenino como la temática se aprecian en sus obras.

También hubo intentos renovadores de los noventayochistas Miguel de Unamuno y Azorín y de los novecentistas Jacinto Grau y Ramón Gómez de la Serna, Por último, debemos recordar que durante los años treinta comenzaron su obra dramática varios autores que la continuarían en el exilio, como Rafael Alberti, Alejandro Casona y Max Aub.

Modernismo

Grupo de jóvenes inconformistas y rebeldes preocupados por la estética y enfrentados al realismo. Este movimiento tiene su origen en Hispanoamérica entre 1880 y 1914. Se nutre básicamente del parnasianismo (búsqueda de la belleza, equilibrio y la perfección formal) y el simbolismo (intimismo, musicalidad y empleo de símbolos). Se alzan contra el materialismo, el imperialismo y la concepción burguesa y utilitaria la vida.

Características fundamentales

  • Evasión de la realidad mediante referencias a realidades ajenas en espacio y tiempo.
  • Mirada hacia el mundo interior (melancolía y pesimismo).
  • Renovación del lenguaje.
  • Enriquecimiento léxico.
  • Profusa adjetivación.
  • Metáforas, imágenes y símbolos.
  • Versos dodecasílabos y alejandrinos.
  • Versos libres.

Introducido por Rubén Darío, diferenciado en dos etapas.

  • Primera etapa: “Azul-1888″ dominan el preciosismo formal y el culto a la belleza sensible.
  • Segunda etapa: “Prosas profanas-1896” intensificación del intimismo y atenuación de la exuberancia formal.

Manuel Machado “Alma-1901”, Antonio Machado “Soledades, galerías y otros poemas-1907”, Juan Ramón Jiménez “la soledad sonora-1911″, Valle-Inclán “Sonatas-1904″.

Generación del 98

Grupo de escritores con una serie de rasgos ideológicos y estilísticos comunes. Se centran en las cuestiones existenciales y religiosas y el tema de España. Sienten por su patria un profundo amor y admiración. En el aspecto literario la sobriedad expresiva y el antirretoricismo. Léxico favorecido con la tradición y con neologismos. Ensayo y novela.

  • Antonio Machado: “Campos de Castilla 1912” muestra el paisaje castellano y la necesidad de regeneración de España. Amor y dolor por la muerte de Leonor.
  • Unamuno: “En torno al casticismo 1895” “intrahistoria” esencia de la tradición reside en el alma colectiva del pueblo representada por costumbres y modos de vida. Conflicto entre fe y razón y su ansia de inmortalidad.
  • Azorín: lenguaje cuidado y pulcro con enunciados breves y sencillos y léxico preciso. Tema nostalgia y melancolía por el paso del tiempo “Antonio Azorín 1916” y “la voluntad 1902” inquietudes espirituales. Alma castellana a través de la contemplación y de gestión del paisaje. “Castilla 1917” o “La ruta de don Quijote 1905”.
  • Pío Baroja: pesimista y escéptico. Protagonistas inadaptados y abocados al fracaso vital. Domina la acción y el diálogo permitiéndole exponer su concepción del mundo. Estilo desaliño expresivo. “El árbol de la ciencia 1911” el autor presenta una visión sombría y crítica de la sociedad española de la época.

La Novela Española de 1975 a Finales del Siglo XX: Tendencias, Autores y Obras Principales

La muerte de Franco en 1975 desde el punto de vista político es trascendental ya que supone el fin de la dictadura, el inicio de la transición, el restablecimiento de las relaciones con nuestros vecinos de Europa y en definitiva la normalidad democrática. Sin embargo, desde el punto de vista de la narrativa, es más cuestionable que suponga un verdadero punto de inflexión. Desde luego se escribe con más libertad, sin censura ni autocensura, pero las expectativas de una explosión de talento oculto tras la opresión franquista quedan frustradas. Un fenómeno importante son los innumerables premios literarios, que contribuyen a animar el panorama creativo.

Si se quieren buscar algunos rasgos comunes a la rica y heterogénea variedad de las novelas de esta época, hay que mencionar en primer lugar un progresivo abandono del furor experimental de los 70 y una recuperación de la narratividad, del gusto por los argumentos nítidos, los personajes coherentes, la anécdota, la obra bien construida. También se revaloriza la novela de género, con auténtico auge de la novela negra y la histórica. En todo caso, se mezclan con libertad todos los subgéneros: novela rosa, ciencia ficción, humor… sin perder de vista muchos de los hallazgos de la novela experimental anterior, con abundante uso de la introspección y el flujo de conciencia. La guerra civil, la posguerra o el mundo rural siguen siendo temas frecuentados, pero la vida moderna, la ciudad o incluso la tecnología, la música rock o las drogas se incorporan con naturalidad a los argumentos.

Todavía en este periodo la figura de los grandes novelistas surgidos en los años 40 sigue siendo hegemónica. Camilo José Cela, escribe obras importantes como Mazurca para dos muertos. Gonzalo Torrente Ballester autor prolífico y de éxito con títulos como Filomeno a mi pesar. Por su lado, los autores de la generación del medio siglo, neorrelistas o realistas sociales, que en los setenta siguieron la senda de la experimentación, siguen publicando con regularidad y en algunos casos novelas de altísima calidad. Así, por ejemplo, Jesús Fernández Santos (Extramuros), Juan Goytisolo (Paisaje después de la batalla) o Juan Marsé (El embrujo de Shangai). También los autores de la denominada generación del 68, que nacieron literariamente en pleno auge experimental van a decantarse por una narrativa más tradicional sin abandonar la autoexigencia con novelas de mucha calidad. Es el caso de Manuel Vázquez Montalbán (Los mares del Sur)

Pero se puede hablar de un grupo nutrido de autores que empiezan a publicar sus primeros libros importantes tras la muerte del dictador y que están ahora en plena madurez literaria. Por importancia y por ser, según la crítica, responsable en cierta medida de esa vuelta a la narratividad, hay que citar en primer lugar a Eduardo Mendoza. En 1975 publica La verdad sobre el caso Savolta, una novela histórica y a la vez policiaca que aprovecha técnicas experimentales y las pone al servicio de la intriga y la acción.. Gran respeto para la crítica ha adquirido Javier Marías con obras como Mañana en la batalla piensa en mí, de prosa densa y parsimonia narrativa. También asiduo de la introspección y del monólogo interior, aunque con más tendencia a la intriga policiaca es Antonio Muñoz Molina, autor de títulos como El invierno en Lisboa. Otro autor de prestigio por la originalidad de su mirada es Juan José Millás, con obras como La soledad era esto. Y son muchos los autores importantes que podemos apenas mencionar, como Julio Llamazares, Rosa Regas, Luis Landero o Almudena Grandes, etc.

Para terminar, hay que hacer alusión a una generación de autores más jóvenes, sobre cuya valía la crítica está muy lejos de ser unánime y a los que el tiempo permitirá juzgar con más perspectiva. Cultivan en general una prosa ágil con mucho diálogo y un lenguaje desenfadado que pretende retratar a una generación para la que el rock, las drogas o el sexo están en el centro de sus preocupaciones. Hablamos de autores como José Ángel Mañas (Historias del Kronen) o Lucía Etxebarría (Beatriz y los cuerpos celestes.

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